El final de ‘Annie Hall’

Annie-Hall

Adoro las películas de Woody Allen. Casi siempre sus finales me reconfortan, pero si debo elegir un final ese es sin duda el de Annie Hall. Una película magnífica de principio a fín que ganó el Oscar a la mejor película venciendo nada más ni nada menos que a Star Wars, La chica del adiós y Julia, entre otras.

El final es un maravilloso montaje de imágenes de toda la película, en donde Allen, a través de su personaje Alvy Singer, cierra la película de forma magistral:

… No obstante, volví a verla. Volví a ver a Annie. Fue en la parte alta del Oeste de Manhattan. Había vuelto a Nueva York. Vivía en el Soho con un chico y cuando la vi, lo estaba arrastrando a ver el documental “La Pena y la Piedad”, así que lo tome como un triunfo personal. Annie y yo almorzamos juntos poco después, y hablamos de los viejos tiempos.
Después se nos hizo tarde, los dos nos teníamos que irnos, pero fue magnífico volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla, y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina”. El doctor contesta: “Lo ha internado?” y el tipo le dice. “Lo haría, pero necesito los huevos”. Pues eso, más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben?. Son totalmente irracionales y locas, y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniendolas porque, la mayoría, “necesitamos los huevos”.

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