¿Amante del café? Barisieur es lo que necesita

Barisieur

Si bien parece sacada del laboratorio de Dexter, Barisieur es un reloj despertador con una máquina de café incorporada.

La considero un must en cualquier oficina aunque usted no sea de los que se queda dormido en el escritorio.

El concepto de Barisieur es que en lugar de despertarte con una alarma de sonido fastidioso, lo haga con el sonido de los rodamientos de bolas de acero inoxidable que hierven el agua para su taza, y el aroma de los granos de café recién molidos y el café recién preparado y humeante en su taza lista para disfrutar en su mesita de noche.

La gran ventaja es que no hay que salir de la cama para disfrutar de la primera dosis de cafeína del día.

Descortesía laboral

cortesia

La vida de oficina se ha convertido en algo hostil, pareciera que todos odiaran su trabajo. La descortesía en el lugar de trabajo, dicen los especialistas en gestión, se define como “comportamiento desviado de baja intensidad”, y se ha generalizado pese a no haber razones evidentes que expliquen el por qué de este comportamiento.

De acuerdo a lo que observé en diversos ámbitos de trabajo, los pequeños detalles son los que más se han perdido.

Email, teléfonos, auriculares

Ante el exceso de mensajes por correo electrónico hemos decidido no contestarlos o hacerlo con respuestas bruscas o groseras. Contestar el teléfono en el trabajo se ha convertido en algo opcional, lo que es una falta de cortesía no sólo con la persona que llama, sino con los colegas que aguantan el timbre.

Para completar el panorama el teléfono inteligente, omnipresente en toda situación, terminó de mandar los buenos modales al infierno. No se salva una conferencia, curso de capacitación, comida, reunión, conversación, de simular que estamos escuchando y atentos y no mirado tuiteando o whatsappeando.

Hace unos días fuí a las oficinas de una corporación internacional que la habían remodelado, eliminando los cubículos y, propiciando los espacios abiertos para que la gente interactúe más. La respuesta de más del 60% del personal fue adoptar auriculares dejando bien en claro “aquí estoy, pero me gustaría más no estarlo”.

Si a esto se le suman los horarios flexibles y escritorios compartidos ya es casi imposible llegar a conocer y saber quién es tu compañero

De todas formas, y a mi criterio, la peor de las groserías es el nuevo culto a estar desbordado o excesivamente ocupado. La sensación que recibo es que si decís que estás “muy” ocupado te habilita a llegar tarde a las reuniones, hacer que la gente espere, y, excusarte con justificación ante cualquier cosa que te pidan. Lo que sí me queda claro es que la falta de educación tiene un efecto negativo muy poderoso en el lugar de trabajo.

100 años del Negroni

negroniEl Negroni es mi cóctel preferido. Fácil de preparar; la amargura justa para saciar la sed; lo suficientemente sexi para beber más de uno.

Si bien es una variación del clásico cóctel el Americano, que es una mezcla de Campari, vermú dulce y soda, servida con una rodaja de limón, en Europa se lo conocía como como Milano-Torino por sus ingredientes: Campari de Milán y Vermouth di Torino; durante la Ley Seca cambió de nombre porque era el cóctel favorito de los estadounidenses que iban de vacaciones por Italia. ¡Gracias Italia por tanto!

Ahora bien, en 1919, dice la leyenda, el Conde Camillo Negroni de Florencia, Italia, le pidió a su camarero en el Café Cassoni (hoy Caffè Giacosa) en la Via de ‘Tornabuoni que endureciera su Americano reemplazando la soda con gin. La historia dice que el cantinero también reemplazó el limón con una rodaja de naranja.

Algunos dicen que hay que servirlo con un solo hielo gigante, pero eso entra dentro de los gustos personales.

Cada década tuvo su Rey

Cada década tuvo sus cócteles emblemáticos. En los locos años veinte fue el reinado de Dry Martini que se mantuvo vigente varias décadas, y James Bond lo revolucionó con su ‘agitado, pero no revuelto’.

En los treinta el Gimlet fue sensación, especialmente después que Raymond Chandler en su novela El largo adiós le hiciera decir a su personaje Terry Lennox: ‘El auténtico gimlet es mitad gin mitad jugo de lima Rose’s y nada más. Le da mil patadas al Martini’.

En la década del 40, y con la ciudad de New York en su esplendor, el Manhattan fue el must de la época. Whisky, vermú y angostura, y, decorado con una cereza roja, sigue siendo un clásico en cualquier bar que se precie de tal.

En los años 50 los cócteles se inclinaron hacia sabores más dulces y hacia bebidas caribeñas. El Mojito, inventado en La Habana, Cuba, se volvió popular por esa mezcla tan exótica de ron, azúcar, menta, lima y soda. Dulce y fresco. Ernest Hemingway fue su fan número uno y lo difundió mundialmente, luego se sumaron influencers como Brigitte Bardot, Nat King Cole y Erroll Flynn entre otros.

Los años 60 tuvieron dos reyes: El muy femenino cóctel Alexander y el reposicionamiento del muy masculino Bloody Mary. El Alexander lleva brandy, crema de cacao, crema de leche y un poco de nuez moscada. Hay que beberlo en forma pausada y con buena conversación. Distinto es el Bloody Mary que lleva vodka, jugo de tomate, jugo de limón, salsa inglesa y salsa tabasco. Es un cóctel explosivo que simbolizó a la guerra fría.

Llegaron los años 70 y entró en escena el Tequila sunrise. Tequila, jugo de naranja y jarabe de granadina. Sus colores nos llevaban a la época dorada de Acapulco pese a que su origen se encuentra en el Arizona Biltmore Hotel.

En la década de 1980 la Piña colada arrasó con todo. La combinación de ron, crema de coco y jugo de piña, hicieron un cóctel suave y dulzón amado por ambos sexos. Siempre la piña colada nos recuerda a las paradisíacas playas del Caribe.

Con los 90 y el fin de siglo llegó el revival de los cócteles clásicos como el Dry Martini muy bien definido por el célebre humorista James Thurber: ‘Dos son demasiados y tres no son suficientes’. Además las inolvidables chicas de Sex and the city pusieron en el top a otro clásico hasta ese momento olvidado: el Cosmopolitan. El Cosmo, como se lo conoce en la noche, se hizo popular entre las mujeres y en los clubes nocturnos gay. Ligero y elegante es un cóctel clásico a base de vodka y jugo de arándanos, con un toque de limón y Cointreau.

Antes de dejar todo e ir corriendo al bar, les cuento que en 1954, el multipremiado barman argentino Santiago Policastro, dejó por escrito en su decálogo que, ‘el barman es un artista y la coctelería un arte que se nutre de espíritu, sabor, aroma y color’.

Sigamos celebrando el centenario del jóven Negroni.

Millennials & Coworking

Hay casi un millón de personas que trabajan actualmente en espacios de coworking en todo el mundo. Esta cifra es muy alta si consideramos que los espacios de Coworking tienen poco más de cuatro años.

Un punto importante es que los Millennials son la generación más grande en la fuerza laboral actual, lo que implica en cierta forma ser los responsables de este cambio.

Ninguna generación anterior tuvo tanto acceso a la tecnología que abrió un mundo de posibilidades que, creo, causó un cambio radical en la forma de trabajar.

People realxing during lunch break

6 valores positivos de los millennials

Creo que hay seis valores positivos asociados universalmente a los millennials y muy emparentados con el coworking:

1. Son una generación startup

Salen de la universidad buscando un trabajo en alguna de las industrias creativas o tecnológicas, o bien en una empresa emergente, o incluso comenzando sus propias empresas. El panorama laboral cambió radicalmente en 2008 y, como resultado, hoy más del 30% de la fuerza laboral global es cuentapropista o freelance.

Asumen riesgos y creen en el poder del fracaso y en los aprendizajes que el fracaso deja.
Para nuestra generación los ídolos eran Jimi Hendrix o John Lennon. Para muchos de los millennials sus ídolos son Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Elon Musk, y eso ha afectado la forma de trabajar.

Esta generación busca lugares de trabajo innovadores y con un espíritu similar al de las oficinas de Google o Twitter donde el espacio de trabajo tiene salas de juegos, cerveza artesanal y, además, sustentable.

2. Son los refundadores de la economía del intercambio.

Los recursos compartidos se han convertido casi en el ADN de los millennials. En parte porque han sufrido la recesión de la década pasada y se encontraron en un universo laboral hostil y difícil. Son cautelosos y como generación han postergado las grandes decisiones de forma algo indefinida.

Nosotros queríamos ser propietarios y ellos sólo quieren acceder. Nuestro primer automóvil era una obsesión y para ellos no. Esta forma de pensar los lleva a buscar una economía colaborativa de consumo y de trabajo. Por ejemplo, hay 12 empresas emergentes que se han convertido en unicornio ofreciendo transporte, alojamiento y espacios de trabajo compartidos.

3. Miden la vida en experiencias.

Es una generación que mide la felicidad no en las posesiones sino en las emociones y experiencias vividas. Esas experiencias incluyen viajes, conciertos, eventos culturales y festivales. Este cambio llevó a que las empresas se centren en la creación de experiencias memorables para los empleados para que estos acepten a las compañías de las que forman parte. Con esta premisa el lugar de trabajo en sí mismo debe ser una experiencia diaria en la que se formen algunos de sus mejores recuerdos.

4. Ansían comunidad

Es la generación más interconectada de la historia. Comparten sus intereses y sus valores a diario en las comunidades en línea y fuera de ella. Este compromiso con estas comunidades tiene el poder de hacer que algo se vuelva viral.

Si bien se piensa que debido a la tecnología y a la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar, el lugar de trabajo es cada vez menos necesario, es, sin embargo, distinto para ellos. Es un lugar menos necesario para trabajar, pero más necesario como lugar para colaborar y compartir, para ser parte de una comunidad física. Antes esa comunidad, tan necesaria, era el barrio o colonia, el club, o los templos religiosos. Los millennials son menos religiosos y más transitorios.

5. Son la generación del yo.

Los relojes inteligentes permiten llevar métricas de casi todo. Algunos de ellos llevan métricas de pasos caminados; otros de nuevos entrenamientos; otros de calorías consumidas; otros de relajación; otros de aprendizaje de idioma, etcétera.

Los llaman perezosos pero si algo los motiva se vuelven incansables. Son más inflexibles con respecto a la mejora personal. En superación personal gastan el doble que los Baby Boomers pese a que sus ingresos son la mitad. Quizás por eso valoren los espacios de trabajo que incorporan tecnologías inteligentes que maximizan la productividad y, además, les permita acceder a una clase de meditación, una clase de UX o un taller de origami. El lugar de trabajo debe ofrecerles oportunidades constantes de desarrollar nuevas habilidades y seguir aprendiendo.

6. Son progresistas.

Es una generación que no acepta tanto el status quo. Quizás aquí esté la respuesta a que un lugar de trabajo debe ofrecerles mucho más que un simple escritorio y un salón comedor en común. Los espacios de coworking tienen salones de clase, auditorios donde asisten líderes a contar su experiencia, laboratorios de tecnología inmersiva, clases de yoga y meditación, muros para escribir, estaciones de hidratación, guarderías infantiles y espacios verdes con riego automático para que poder estar conectados con la naturaleza mientras trabajan. El espacio de trabajo pasó a ser un espacio de hospitalidad.

Si tenemos en cuenta que la oficina se inventó a fines del siglo XIX, y hasta ahora no sufrió grandes cambios, podemos considerar que el lugar de trabajo continuará evolucionando para satisfacer las necesidades cambiantes de los millennials y los centennials.

¿Necesitamos las redes sociales?

El crecimiento de las redes sociales después del 2010 fue sideral. Cambió nuestras forma de comunicarse y, casi, nuestras vidas.

La mayoría contamos con más de un perfil social: mínimo uno personal y otro profesional, pero si bien el término red social parece nuevo nació en 1994 con Geocities, un servidor que alojaba gratuitamente páginas webs (que no podían superar los 5 MB) que representaban una ciudad con diversos barrios. En función a la web que creaba el usuario elegía donde “vivir”. La compró Yahoo por U$S 4000 millones y la cerró 10 años después.

En 1995 aparece Classmates, un sitio con el objetivo de poder encontrar a excompañeros de colegio o universidad. En 1997 llega SixDegrees, que permitía crear un perfil social y una lista de amigos, algo muy similar a las actuales redes sociales. Su nombre deriva del cuento escrito en 1929 por el escritor húngaro llamado Frigyes Karinthy, quien basó la trama de un breve cuento titulado Chains, en la siguiente idea: partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a unir a la humanidad entera. Esta fue la base que más tarde el sociólogo Duncan Watts desarrolló como Teoría de los seis grados y que, según esta teoría, una persona independientemente del lugar del planeta en el que viva, está conectada a otra a través de una red de conocidos que no superan los cinco intermediarios.

Con el año 2000 el usuario deja de ser pasivo y se convierte en protagonista. Es el furor de los blogs, donde las personas son creadoras de contenido y le permite a cualquiera los 15 segundos de fama que había prometido Andy Warhol.

El 2003 trae la primera gran revolución: MySpace. Una red social que permite crear un perfil completo con información personal, gustos e intereses, además de la posibilidad de compartir fotos y música, y de esta manera conocer gente afín. Ese mismo año llega LinkedIn. Creada como una red de negocios profesional que hoy tiene 500 millones de usuarios y fue adquirida por Microsoft en 2016 por U$S 26.200 millones.

Llegamos al 2004 y el Messenger de Microsoft está en su máximo apogeo, pero también llega un muy, ¿demasiado?, jóven Mark Zuckerberg, y funda Facebook rompiendo los paradigmas con una propuesta sencilla: interactuar con ‘amigos’ compartiendo tus actividades cotidianas mediante fotos y mensajes en el ‘muro’. Esto se adapta a diversos idiomas y se convierte en global. 15 años después Zuckerberg posee Facebook, WhatsApp, Messenger e Instagram y parece que, por ahora, su poder es ilimitado.

En el 2005 empiezan la segmentación en función a su utilidad. Nace Youtube, como una plataforma para compartir vídeos. En 2006 llega Twitter, con el concepto de red de microblogging que provoca hechos que quedarán en la historia, como la Primavera Árabe. 2009 la fotografía es el nuevo boom y Pinterest e Instagram son las nuevas estrellas.

RedesSociales

En busca del tiempo perdido 

Marcel, el joven hipersensible protagonista de la obra de Marcel Proust quiere ser escritor, sin embargo las tentaciones mundanas lo desvían de ese objetivo.

Al personaje del libro lo desvían las tentaciones mundanas; a nosotros, las redes sociales que no descansan. El tiempo que nos tomamos para gestionar en las redes sociales, por ejemplo nuestras vacaciones, nos quita muchísimo tiempo de actividad para otras cosas.

Los estudios indican que usuarios, hombres y mujeres de 16 a 65 años, pasamos más de una hora y media por día usando Whatsapp; otra hora y media escuchando Spotify; 1 hora 20 minutos viendo YouTube; 1 hora en Facebook, otra hora en Instagram y 45 minutos en Twitter. Por supuesto no todos estamos en todas las redes, pero el promedio de tiempo en cualquier país occidental es similar.

Ahora bien, ¿Es un cambio radical de hábitos que revolucionó todos los sectores?, o ¿Estamos abusando de su uso justificando que lo hacemos para el trabajo?

Ya hay gurúes que te dicen cómo optimizar el uso y tu tiempo en las redes, y si consideramos que han aparecido nuevas enfermedades psicológicas causadas por las redes sociales, deberíamos detenernos a reflexionar para qué las usamos.

Las enfermedades psicológicas empezaron con el síndrome de la llamada imaginaria. Yo lo sufrí, y hasta el 70% de los usuarios de móviles lo han sufrido alguna vez. Es creer o alucinarte que el móvil sonó o vibró y en realidad no lo había hecho y, en mi caso ni siquiera lo tenía conmigo en ese momento. Los especialistas dicen que ante el aumento del estrés, el cerebro asocia cualquier vibración o impulso que recibe, con el teléfono móvil.

Con el tiempo se fueron agregando otras psicopatías como la nomofobia que es la angustia o ansiedad causada por olvidar o no tener acceso al celular, lo que nos lleva a no poder acceder a las redes sociales.

También hay gente que se deprime porque tienen muchos o pocos contactos o seguidores en las redes sociales. Existe la depresión del Facebook, que sucede cuando se pasa mucho tiempo etiquetando fotos, escribiendo sobre acontecimientos agradables de terceros y alabando a los amigos, pero después se deprimen por su propia vida cotidiana.

La adicción a estar conectado todo el tiempo suele afectar seriamente la vida privada y social de los adictos y su entorno, lo mismo que la dependencia a los juegos en línea. En ambos casos hay tratamientos de 12 pasos similares a los de alcohólicos anónimos.

Otro problema más nuevo es el llamado Efecto Google, donde nuestro cerebro se niega a recordar algún dato sabiendo que podemos acceder de inmediato al mismo mediante el buscador.

Después hay enfermedades tradicionales como la hipocondría que se agrava ante la posibilidad de encontrar nuevas y extrañas enfermedades en internet y potenciar la creencia que las padecemos.

 

¿Las necesitamos?

Pese a que nos digan lo contrario, no necesitamos redes sociales para todas las cosas que nos dicen que necesitamos.

No las necesitamos para hacer amigos o construir relaciones.

No las necesitamos para ser activos o comprometidos con la política.

No las necesitamos para explorar nuestras ciudades o encontrar nuevas cosas que hacer.

No las necesitamos para tomar un taxi, un bus o volar en un avión.

No las necesitamos para escuchar música nueva o leer libros nuevos.

No las necesitamos para hacer nuestras compras.

No las necesitamos para descubrir subculturas o grupos afines o para apreciar el buen diseño.

No las necesitamos para planear nuestras vidas.

Sin embargo, voy a utilizar las redes sociales para que en tiempo real, a nivel global, y de manera gratuita pueda difundir este artículo y conseguir más seguidores.

¿Qué es el Coworking?

coworking

El Coworking nació a principios de este siglo y se extendió muy rápido entre los trabajadores freelancers de Esados Unidos. Poco tiempo después se expandió a Europa, y desde hace muy poco se fue imponiendo en América Latina.

Si bien el término fue inventado en 1999, en el año 2005 Brad Neuberg crea el primer espacio coworking en San Francisco. Era un loft denominado Hat Factory donde trabajaban tres personas autónomas. El mismo Neuberg creó más tarde Citizen Space.

En la actualidad se calcula que existen alrededor de 10.000 espacios de coworking en el mundo y la tasa de crecimiento en los últimos años se situó en el 46%.

La idea del coworking es un espacio de trabajo compartido que impulsa y fomenta nuevas ideas basado en la comunidad y el valor agregado. Profesionales que no comparten sector ni actividad laboral, se unen para trabajar en un mismo espacio y compartir experiencias y contactos.

Ante los cambios que se están dando en el mercado laboral cada día hay mas profesionales que se independizan y comienzan a trabajar de manera individual. Primero lo hicieron a través del “home office” y la autogestión con un poco de emprendurismo; pero, la soledad laboral, y la necesidad de tener infraestructura más competitiva, los fue llevando a buscar lugares donde los costos no fueran muy altos. En este contexto es que el espacio de coworking se ha convertido en una tendencia cada vez más fuerte.

En este concepto de Coworking es que se encuentran espacios dedicados a sala de reuniones donde podemos recibir a nuestros clientes, un lugar donde separar vida laboral y personal, y además la posibilidad de relacionarnos con otros profesionales y poder llegar a compartir algún proyecto.

Los curioso es que en este cambio de los mercados laborales, el coworking no solo se ha ido transformado en un lugar ideal para los trabajadores autónomos, emprendedores y start ups, sino también para grandes compañías que eligen alquilar algún lugar en estos espacios buscando innovar y aplicar nuevas formas de organización empresarial. Básicamente intentan modernizarse y recuperar el espíritu innovador, buscar nuevo talento con espíritu de start up, y fomentar la cooperación y la colaboración interna.

Algunos coworking están evolucionando y se están segmentando hacia un lugar multifuncional donde se desarrollan actividades de capacitación y culturales, dejando de ser simplemente espacios que cubren las necesidades de tener una oficina a bajo coste.

En algunas localidades alejadas de los grandes centros urbanos se observa que un coworking integra, aportando valor, dinámica e innovación en sus áreas de influencia, generando impactos positivos a nivel social.

En la actualidad hay cerca de 750.000 profesionales trabajando en espacios de coworking. La mayoría trabajan al menos tres días a la semana; y si bien hay opciones de oficinas privadas, la gran mayoría todavía prefieren trabajar en espacios compartidos.

Oficinas de espacios abiertos. ¿Si o no?

openoffice

Hace casi un año venimos discutiendo si nuestra oficina debe abandonar los cubículos y pasar a sala abierta. Diversos especialistas afirman que hay que derribar las paredes y crear un entorno de espacios abiertos que mejoran la comunicación y fomentan la colaboración.

No hay duda que las oficinas de planta abierta han crecido en popularidad no solo por los beneficios de la comunicación, sino también por los factores económicos. Caben más empleados.

Wework se hizo famosa en el mundo por la renta de espacios abiertos que promueven el espíritu comunitario y den a los trabajadores un sentido de equipo y pertenencia.

La idea original de la oficina de espacios abiertos fue diseñada en 1950 por un equipo en Hamburgo, que pensó que esto facilitaría la comunicación entre los empleados.

Hoy, alrededor del 70% de todas las áreas de trabajo adoptaron esta tendencia, por lo que asumimos que funciona.

Pero siempre hay un pero.

De casualidad me encuentro con una encuesta a más de 42,000 empleados de oficinas de 303 edificios de oficinas que no respaldan la teoría. Dicho estudio  demostró que los trabajadores con oficinas privadas están más satisfechos y, por lo tanto, más productivos.

En un entorno de espacio abierto, la falta de privacidad junto con el bullicio y el ruido típicos de las oficinas ha demostrado que realmente desalienta la comunicación.

“Nuestros resultados contradicen categóricamente la sabiduría aceptada por la industria de que el diseño de plano abierto mejora la comunicación entre colegas y mejora la satisfacción ambiental general de los ocupantes”, dijeron los investigadores.

Las principales desventajas de este concepto son:

1. No hay productividad y satisfacción para los empleados, debido a la falta de privacidad.

2. No hay espacio que sea realmente solo para ellos.

3. Las diferentes formas de trabajar no se muestran y no se reconocen.

4. La creatividad es forzada, porque todos los ojos están puestos en ti.

La realidad es que lo que más satisface a los trabajadores es la cantidad de espacio que tienen y la necesidad de tener un lugar donde concentrarse.

Luego que todos parecen haberse apresurado a derribar todas las paredes en los lugares de trabajo, ahora quieren devolver algunas de ellas.

Por ejemplo, un equipo de Microsoft decidió tener oficinas cerradas y privadas, y cuando los empleados necesitan cooperar, simplemente se reúnen en el pasillo donde tienen conversaciones. Cuando terminan, todos regresan a su privacidad. De hecho, parece que algunas paredes son esenciales para las oficinas modernas.

Seguramente la tendencia de oficinas abiertas se mantendrá para siempre, pero algunas particiones son realmente necesarias.