La viveza, entre la inteligencia y la estupidez.

marco deneviEl destacado dramaturgo y escritor argentino Marco Denevi (1922-1998) escribió el siguiente texto en algún momento de los años noventa. Considerando la nueva crisis que vive la Argentina me parece que no ha perdido nada de vigencia pese a los más de veinte años transcurridos.

Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida.
En latín, salida se dice “exitus”, que los ingleses tradujeron por “exit”. La inteligencia conduce al éxito.
Aquel mismo idioma, madre del nuestro, cuyo estudio hoy les parece superfluo a algunas autoridades universitarias, tiene un verbo “stupere”, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y en sentido traslaticio, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera “Stop”. De aquí deriva la palabra “estúpido”: hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula.
Hablo siempre de lo ocurre en la mente.
Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia: dos falsas salidas, dos fracasos. Salvo casos patológicos, todos somos inteligentes frente a un tipo de problemas, y estúpidos respecto a otros tipos de problemas.
Pero nuestra inteligencia y nuestra estupidez no dependen de nuestra moral. Hay inteligentes moralmente canallas, y hay estúpidos moralmente intachables.
Cuánto deben la inteligencia y la estupidez a los genes, y cuánto a la educación (digamos la gimnasia), es un asunto que dejaré de lado para que no me usurpe todo el espacio del que dispongo.
Pero no querría pasar por alto un dato: sin el auxilio del intelecto (esto es la capacidad de análisis crítico del problema), y sin la posesión de conocimientos relacionados con ese problema y adquiridos por experiencia propia, o por revelación ajena, la pura inteligencia que acumule conocimientos no sabe qué hacer con ellos. Y no es raro que un intelectual ducho en el análisis crítico, sea incapaz de hallar soluciones.
El desarrollo en un mismo individuo de la inteligencia, del intelecto y de los conocimientos bien puede llamarse sabiduría, si no en la aceptación teísta que le dan las escrituras, por lo menos como tributo humano susceptible de adquisición o pérdida.
Con alguna frecuencia, la realidad nos pone, de momento, mentalmente paralíticos.
Es cuando decimos que estamos estupefactos, lo cual significa “estar hechos unos estúpidos”.
La inteligencia, si la tenemos, vendrá a rescatarnos de esa pasajera estupidez, que por no ser insalvable, se llama estupefacción.
Situada a mitad de camino entre la inteligencia y la estupidez, está la “viveza”, capaz de producir acciones en cualquier dirección, excepto hacia la salida del problema.
Este es su secreto: la fórmula intrascendente que le permite ponerse a salvo y resguardo de la humillación y desprestigio que se sufren en la estupidez.
La viveza, creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolverlo.
La persona dotada de viveza no ejercita la inteligencia, sino un sucedáneo apto para entenderse con las consecuencias prácticas del problema, pero no con la sustancia del problema.
En otras palabras, el vivo se mueve mentalmente en procura de cómo eludir los efectos de los problemas, cómo volverlos beneficiosos para él, o lo peor de todo, cómo desviarlos en perjuicio de un tercero.
La viveza, entonces, se conecta imprescindible e irrenunciablemente con la moral.
Sin el concurso del egoísmo no resulta posible ser vivo, y para echarle el fardo al prójimo sin que éste se resista, es menester cierto grado de inescrupulosidad, y hace falta practicar algún género de fraude, siquiera verbal.
Observado durante un corto plazo, el vivo da la impresión de haber obtenido el éxito, de ser inteligente: se desplaza entre los problemas sin padecer las consecuencias, o mejor aún, sacándoles provecho.
Pero el flujo de los efectos del problema es ininterrumpido, por lo que el vivo no puede entregarse a los ocios y recesos de la inteligencia. De ahí que se los puede calificar de “despiertos”.
Aparentan una brillantez mental que engaña a las miradas superficiales.
El inteligente, como está armando sus estrategias para resolver el problema, parece amodorrado y en comparación con el vivo, un tanto estúpido.
Cuanto más complejo sea el problema, mas exigirá al inteligente paciencia y esfuerzo, más lo someterá al silencioso y tedioso análisis crítico, y al repaso constante de sus conocimientos.
La viveza no puede permitirse estas demoras.
Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir, de modo que el vivo está obligado a la rapidez, y consecuentemente a la improvisación de sus métodos, generalmente empíricos.
Otra vez el inteligente en comparación con el vivo parecerá lento y hasta torpe.
Si los efectos del problema por magnitud o complejidad sobrepasan las posibilidades de ser eludidos por la viveza, el vivo resulta acorralado como un estúpido, y no sucumbiendo a la resignación o la violencia, no confesará jamás su fracaso, buscando algún chivo emisario en quien cargar las culpas.
En todas las sociedades conviven los inteligentes, los vivos y los estúpidos en proporciones distintas para cada una de ellas.
Para Borges, entre los italianos y judíos no hubo nunca ningún estúpido. Exageraba, a no dudarlo.
Pero imaginemos ahora un país ficticio donde, por razones genéticas o históricas, los vivos sean mayoría.
Esbozaré la novela de lo que en ese país imaginario podría ocurrir.
Puesto que son mayoría, unos vivos ocuparían el gobierno. Y otros vivos los eligen.
Estos vivos que eligen con el concurso de los estúpidos, incapaces de solucionar los problemas del país, los transferirían a los elegidos.
Estos como vivos que son, se dedicarán a lo suyo, o sea ponerse a salvo de los efectos de los problemas, sacarles provecho o desviarlos a otros terceros, así éstos sean vivos, inteligentes o estúpidos.
Durante un tiempo, los estúpidos parpadearán de catatonía mental. Los inteligentes se sentirán más marginados. Y los vivos tratarán de imitar a los gobernantes.
Mientras tanto los problemas sin resolver se acumulan, se multiplican, se
potencian, y se superponen.
Hasta que fatalmente llega el día en que los problemas acumulados forman una
pared compacta con un cartel que dice:
“¡Stop, no va más!”.
Es aquí donde la sociedad se detiene y paraliza y los estúpidos, si no se resignan, se vuelven violentos.
Los inteligentes toman las valijas y huyen, y los vivos corren de efecto en efecto, vendando aquí, remendando allá, y emparchando más allá.
Dejan los bofes en este desesperado trajín por entre el caos sin control.
Y para disimular su impotencia recurren a los fantasmas de los chivos expiatorios internos y externos, y a un lenguaje esquizofrénico que, disociado con la realidad circundante, seguirá pronunciando aquellos discursos con los que alguna vez embaucaron a la estupidez.
Estúpidos de brazos cruzados o de brazos armados, inteligentes en ese país ficticio caído al pie del ominoso “stop”: no habrá para vuestro país otra salvación posible que no sea “¡la inteligencia al poder!”.

Salvo que todos los inteligentes hayan huido, hipótesis altamente improbable, la novela podría tener un final feliz.

El New York Times va más allá de las noticias

nytThe New York Times tiene 156 años en el mercado y sus ingresos se han visto reducido a la mitad en la última década.

Si bien la publicidad digital sigue creciendo, al igual que sus suscripciones, el periódico está desarrollando para el próximo año nuevos productos digitales independientes.

Las áreas dónde piensa crecer no es en noticias sino en estilo de vida; donde bienestar, belleza, crianza, y moda, pueden ser nichos atractivos para ofrecer nuevos productos separados para introducir una suscripción digital, como ya lo han hecho con los crucigramas a USD 6.95 por mes, y NYT Cooking a USD 5 por mes.

La estrategia es ofrecer mini-suscripciones segmentadas para nuevos lectores que solo desean acceder a ciertas funciones.

La suscripción “All Access”, que incluye todo el contenido del Times incluyendo NYT Cooking y crucigramas, cuesta USD 27 por mes. El acceso básico de noticias ilimitadas es de USD 16 por mes.

 

La Postverdad

posverdadComenzó en los países con gobiernos populistas como Argentina, Brasil y Venezuela, entre otros, y se expandió hasta los países centrales. Me refiero a la Postverdad, que Oxford la agregó a su diccionario (post-truth) en el 2016 y, desde este año, estará en el diccionario de la RAE con la siguiente definición:

“El potencial de la retórica para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso”

La Postverdad implica que la línea que separa lo verdadero de lo falso desaparece y se lo disfraza como una visión o hecho alternativo, pasando por alto que no es una visión o hecho alternativo, sino es directamente una falsedad, una mentira.

Para un medio de comunicación la noticia y los hechos son la razón de su existencia, ¿pero qué sucede cuando la multiplicación de las fuentes de información hacen que los hechos pierdan autoridad frente a los hechos alternativos, e impide distinguir lo verdadero de lo falso?

Internet es una gran fuente de información falsa que rápidamente se comparte, se viraliza y se toma como verdadera. Los hechos se manipulan y se muestran de acuerdo con las conveniencias y pasiones que cada uno maneja, dejando de lado el fundamento de la verdad.

Sin duda éste es el gran desafío que enfrenta el periodismo en su obligada reinvención. Quizás concentrarse en el análisis y en la interpretación buscando mayor profundidad sea una alternativa.

 

El olvidado Guillermo Cabrera Infante

cabrera infante.jpgEl cubano Guillermo Cabrera Infante es una pluma algo olvidada en estos días; quizás por no negar su pasado revolucionario, pero ser muy crítico a la ausencia de sentido crítico del régimen de Fidel Castro, al cual abandonó en 1965 al renunciar a su cargo de agregado cultural de la embajada de Cuba en Bélgica, y se radicó en Londres donde asumió la nacionalidad británica hasta su muerte en el 2005 a los 75 años.

Fue militante político, ocupó cargos de importancia cultural como la dirección de la revista “Lunes de revolución”, donde fue cesanteado y la revista clausurada por el régimen castrista en 1961.

Su amor por el cine de los grandes directores como John Ford, Alfred Hitchcock, Vincent Minelli y Orson Welles, lo hizo desarrollar un fino estilo para la crítica cinematográfica que lo llevó a publicar, bajo el seudónimo de G. Caín, en la revista Carteles de La Habana en 1954, y de la cual terminó siendo el jefe de redacción en 1957. Fundó y dirigió la Cinemateca de Cuba entre 1951 y 1956; fue miembro del Instituto Cubano de Cine en 1959. Era un detractor del cine de autor.

En los setenta se mudó a Hollywood y colaboró como guionista para diversas películas; entre ellas “Bajo el volcán”, basada en la novela de Malcolm Lowry y dirigida por John Houston.

Su vena literaria era polémica, paradójica, refinada, brillante, profunda y provocadora. Guardaba gran admiración por Rubén Dario, Juan Ruíz de Alarcón y Jorge Luis Borges, y al mismo tiempo por Lewis Carroll, Mark Twain y James Joyce.

Desde su primer obra, “Tres tristes tigres”, y junto a Vladimir Nobokov y Julio Cortázar, revolucionó las letras con una narrativa humorística y erótica, y una forma novedosa de semántica, lingüística, referencias eruditas y rescate de la cultura pop.

Vista del Amanecer en el Trópico - Guillermo Cabrera InfanteQuiero detenerme en su pequeña gran obra “Vista del amanecer en el trópico”.

Publicada en 1974 contiene 101 breves relatos que funcionan como imágenes sobre la historia de Cuba.

Breve pero intenso, se disfruta como a un buen vino obligando a hacer una pausa entre sorbo y sorbo para reflexionar sobre lo leído.

Pese a referirse a personajes conocidos de la historia cubana, y que ellos sean desconocidos para nosotros, no dificulta la comprensión de las situaciones ni mella la emotividad de las mismas.

Para muchos, Guillermo Cabrera Infante, es el escritor cubano por excelencia.

El decálogo del periodista según Tomás Eloy Martínez

tem1) El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo.

2) Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la publicación.

3) Una foto que sirve sólo como ilustración y no añade información alguna no pertenece al periodismo. Las fotos no son un complemento, sino noticias en sí mismas.

4) Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos, y en el que todos deben sentir que, lo que le sucede a uno les sucede a todos.

5) No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar una sola información de la que no se tenga plena certeza.

6) Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato y estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe.

7) Evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero.

8) Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en nueve, o en siete.

9) Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco lo es narrar una noticia. Nunca hay que ponerse a narrar si no se está seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el interés de lector más que en el lucimiento propio.

10) Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.

Pensamientos sobre la libertad de expresión

free-speechEn el día mundial de la libertad de expresión destaco algunas frases a lo largo del tiempo sobre la prensa libre.

“La prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”. Francisco Zarco

“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

“La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre como es libre en el hombre la facultad de pensar”. Benito Juárez

“Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”. Joseph Pulitzer

“La fuerza de la opinión pública es irresistible cuando se le permite expresarse libremente”. Thomas Jefferson

“La prensa es el dedo indicador de la ruta del progreso”. Víctor Hugo