La distracción es el enemigo de la productividad

productividad

La productividad constante no sucede por casualidad. Las personas productivas tienen un secreto para su productividad: eliminar las distracciones.

¿Esperabas algo más complicado? Pues no es complicado.

Ser productivo requiere eliminar las cosas que te impiden hacer las cosas.

La productividad es una fórmula: Productividad = Disciplina = Proyecto Completado

Proyecto completado = (tiempo de trabajo – conectividad – Influencias tóxicas)

Se necesita disciplina para eliminar las distracciones. Y los resultados de la disciplina es un proyecto completado. Las personas productivas usan la disciplina para completar proyectos al eliminar las distracciones.

Eliminar las distracciones requiere de tres D:

Desconectar. Reducir las interrupciones para facilitar el enfoque en la tarea en cuestión.

Desintoxicación. Erradicar los factores que crean obstáculos para el progreso.

Desarrollar. Invertir los recursos adecuados para facilitar un entorno más productivo.

Desconectarse te conecta a tu trabajo. Cuando necesita concentrarse, debe desconectarse de su “conexión”.

Desconectarse implica olvidarse de las notificaciones de llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, reuniones, actualizaciones de estado, fotos o tweets.

Las distracciones son el enemigo de la productividad y la motivación el mejor amigo. Sin embargo, la motivación es frágil y las cosas más leves ayudan, muchas veces, a descarrilar del camino trazado. También los empleados tóxicos envenenan la cultura con bromas desmotivadoras disfrazadas de “ser realistas” o “defensores del diablo”. Liberá tu zona de toxicidad.

Otro factor es tener los recursos disponibles que se necesitan. Ninguno de nosotros es tan listo como todos nosotros. Si utilizamos la inteligencia que tenemos en el grupo tomaremos las mejores decisiones. Sin embargo el equipo necesita ser desarrollado, y no se trata de dinero, sino, a veces es  la libertad de tomar decisiones, o de ser dueño de una parte del proyecto.

100 años del Negroni

negroniEl Negroni es mi cóctel preferido. Fácil de preparar; la amargura justa para saciar la sed; lo suficientemente sexi para beber más de uno.

Si bien es una variación del clásico cóctel el Americano, que es una mezcla de Campari, vermú dulce y soda, servida con una rodaja de limón, en Europa se lo conocía como como Milano-Torino por sus ingredientes: Campari de Milán y Vermouth di Torino; durante la Ley Seca cambió de nombre porque era el cóctel favorito de los estadounidenses que iban de vacaciones por Italia. ¡Gracias Italia por tanto!

Ahora bien, en 1919, dice la leyenda, el Conde Camillo Negroni de Florencia, Italia, le pidió a su camarero en el Café Cassoni (hoy Caffè Giacosa) en la Via de ‘Tornabuoni que endureciera su Americano reemplazando la soda con gin. La historia dice que el cantinero también reemplazó el limón con una rodaja de naranja.

Algunos dicen que hay que servirlo con un solo hielo gigante, pero eso entra dentro de los gustos personales.

Cada década tuvo su Rey

Cada década tuvo sus cócteles emblemáticos. En los locos años veinte fue el reinado de Dry Martini que se mantuvo vigente varias décadas, y James Bond lo revolucionó con su ‘agitado, pero no revuelto’.

En los treinta el Gimlet fue sensación, especialmente después que Raymond Chandler en su novela El largo adiós le hiciera decir a su personaje Terry Lennox: ‘El auténtico gimlet es mitad gin mitad jugo de lima Rose’s y nada más. Le da mil patadas al Martini’.

En la década del 40, y con la ciudad de New York en su esplendor, el Manhattan fue el must de la época. Whisky, vermú y angostura, y, decorado con una cereza roja, sigue siendo un clásico en cualquier bar que se precie de tal.

En los años 50 los cócteles se inclinaron hacia sabores más dulces y hacia bebidas caribeñas. El Mojito, inventado en La Habana, Cuba, se volvió popular por esa mezcla tan exótica de ron, azúcar, menta, lima y soda. Dulce y fresco. Ernest Hemingway fue su fan número uno y lo difundió mundialmente, luego se sumaron influencers como Brigitte Bardot, Nat King Cole y Erroll Flynn entre otros.

Los años 60 tuvieron dos reyes: El muy femenino cóctel Alexander y el reposicionamiento del muy masculino Bloody Mary. El Alexander lleva brandy, crema de cacao, crema de leche y un poco de nuez moscada. Hay que beberlo en forma pausada y con buena conversación. Distinto es el Bloody Mary que lleva vodka, jugo de tomate, jugo de limón, salsa inglesa y salsa tabasco. Es un cóctel explosivo que simbolizó a la guerra fría.

Llegaron los años 70 y entró en escena el Tequila sunrise. Tequila, jugo de naranja y jarabe de granadina. Sus colores nos llevaban a la época dorada de Acapulco pese a que su origen se encuentra en el Arizona Biltmore Hotel.

En la década de 1980 la Piña colada arrasó con todo. La combinación de ron, crema de coco y jugo de piña, hicieron un cóctel suave y dulzón amado por ambos sexos. Siempre la piña colada nos recuerda a las paradisíacas playas del Caribe.

Con los 90 y el fin de siglo llegó el revival de los cócteles clásicos como el Dry Martini muy bien definido por el célebre humorista James Thurber: ‘Dos son demasiados y tres no son suficientes’. Además las inolvidables chicas de Sex and the city pusieron en el top a otro clásico hasta ese momento olvidado: el Cosmopolitan. El Cosmo, como se lo conoce en la noche, se hizo popular entre las mujeres y en los clubes nocturnos gay. Ligero y elegante es un cóctel clásico a base de vodka y jugo de arándanos, con un toque de limón y Cointreau.

Antes de dejar todo e ir corriendo al bar, les cuento que en 1954, el multipremiado barman argentino Santiago Policastro, dejó por escrito en su decálogo que, ‘el barman es un artista y la coctelería un arte que se nutre de espíritu, sabor, aroma y color’.

Sigamos celebrando el centenario del jóven Negroni.

Millennials & Coworking

Hay casi un millón de personas que trabajan actualmente en espacios de coworking en todo el mundo. Esta cifra es muy alta si consideramos que los espacios de Coworking tienen poco más de cuatro años.

Un punto importante es que los Millennials son la generación más grande en la fuerza laboral actual, lo que implica en cierta forma ser los responsables de este cambio.

Ninguna generación anterior tuvo tanto acceso a la tecnología que abrió un mundo de posibilidades que, creo, causó un cambio radical en la forma de trabajar.

People realxing during lunch break

6 valores positivos de los millennials

Creo que hay seis valores positivos asociados universalmente a los millennials y muy emparentados con el coworking:

1. Son una generación startup

Salen de la universidad buscando un trabajo en alguna de las industrias creativas o tecnológicas, o bien en una empresa emergente, o incluso comenzando sus propias empresas. El panorama laboral cambió radicalmente en 2008 y, como resultado, hoy más del 30% de la fuerza laboral global es cuentapropista o freelance.

Asumen riesgos y creen en el poder del fracaso y en los aprendizajes que el fracaso deja.
Para nuestra generación los ídolos eran Jimi Hendrix o John Lennon. Para muchos de los millennials sus ídolos son Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Elon Musk, y eso ha afectado la forma de trabajar.

Esta generación busca lugares de trabajo innovadores y con un espíritu similar al de las oficinas de Google o Twitter donde el espacio de trabajo tiene salas de juegos, cerveza artesanal y, además, sustentable.

2. Son los refundadores de la economía del intercambio.

Los recursos compartidos se han convertido casi en el ADN de los millennials. En parte porque han sufrido la recesión de la década pasada y se encontraron en un universo laboral hostil y difícil. Son cautelosos y como generación han postergado las grandes decisiones de forma algo indefinida.

Nosotros queríamos ser propietarios y ellos sólo quieren acceder. Nuestro primer automóvil era una obsesión y para ellos no. Esta forma de pensar los lleva a buscar una economía colaborativa de consumo y de trabajo. Por ejemplo, hay 12 empresas emergentes que se han convertido en unicornio ofreciendo transporte, alojamiento y espacios de trabajo compartidos.

3. Miden la vida en experiencias.

Es una generación que mide la felicidad no en las posesiones sino en las emociones y experiencias vividas. Esas experiencias incluyen viajes, conciertos, eventos culturales y festivales. Este cambio llevó a que las empresas se centren en la creación de experiencias memorables para los empleados para que estos acepten a las compañías de las que forman parte. Con esta premisa el lugar de trabajo en sí mismo debe ser una experiencia diaria en la que se formen algunos de sus mejores recuerdos.

4. Ansían comunidad

Es la generación más interconectada de la historia. Comparten sus intereses y sus valores a diario en las comunidades en línea y fuera de ella. Este compromiso con estas comunidades tiene el poder de hacer que algo se vuelva viral.

Si bien se piensa que debido a la tecnología y a la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar, el lugar de trabajo es cada vez menos necesario, es, sin embargo, distinto para ellos. Es un lugar menos necesario para trabajar, pero más necesario como lugar para colaborar y compartir, para ser parte de una comunidad física. Antes esa comunidad, tan necesaria, era el barrio o colonia, el club, o los templos religiosos. Los millennials son menos religiosos y más transitorios.

5. Son la generación del yo.

Los relojes inteligentes permiten llevar métricas de casi todo. Algunos de ellos llevan métricas de pasos caminados; otros de nuevos entrenamientos; otros de calorías consumidas; otros de relajación; otros de aprendizaje de idioma, etcétera.

Los llaman perezosos pero si algo los motiva se vuelven incansables. Son más inflexibles con respecto a la mejora personal. En superación personal gastan el doble que los Baby Boomers pese a que sus ingresos son la mitad. Quizás por eso valoren los espacios de trabajo que incorporan tecnologías inteligentes que maximizan la productividad y, además, les permita acceder a una clase de meditación, una clase de UX o un taller de origami. El lugar de trabajo debe ofrecerles oportunidades constantes de desarrollar nuevas habilidades y seguir aprendiendo.

6. Son progresistas.

Es una generación que no acepta tanto el status quo. Quizás aquí esté la respuesta a que un lugar de trabajo debe ofrecerles mucho más que un simple escritorio y un salón comedor en común. Los espacios de coworking tienen salones de clase, auditorios donde asisten líderes a contar su experiencia, laboratorios de tecnología inmersiva, clases de yoga y meditación, muros para escribir, estaciones de hidratación, guarderías infantiles y espacios verdes con riego automático para que poder estar conectados con la naturaleza mientras trabajan. El espacio de trabajo pasó a ser un espacio de hospitalidad.

Si tenemos en cuenta que la oficina se inventó a fines del siglo XIX, y hasta ahora no sufrió grandes cambios, podemos considerar que el lugar de trabajo continuará evolucionando para satisfacer las necesidades cambiantes de los millennials y los centennials.

La Crisis según Einstein

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“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la iniciativa, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Hábitos imprescindibles

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De acuerdo a diversos libros de gestión y lo que hablé con varios líderes de empresas, estos son hábitos imprescindibles si quieres alcanzar el éxito en lo que inicies o te propongas.

1. Organización.
Ser una persona organizada es sinónimo de éxito. De hecho, quien es organizado en su trabajo, lo es en su vida. Quien es organizado en su casa, lo es en la empresa. Las personas organizadas lo son en cualquier faceta de su vida, y por tanto, suelen ser mucho más eficientes que el resto.

2. Son resilientes.
Las personas verdaderamente exitosas son capaces de ser optimistas cuando todo se está desmoronando. Dentro de la resiliencia encontraríamos el aprender a dominar nuestras emociones cuando se trata de pánico u optimismo extremo.

3. Son persistentes.
Aprenden muy rápido a insistir y persistir. Aprenden a no rendirse ante las dificultades. Saben que otra persona puede tener éxito donde nosotros hemos tirado la toalla.

4. Escuchan las necesidades de los demás.
Escuchan de verdad, y se encargan de que la otra persona sepa que le está escuchando de verdad, por lo que da lugar a relaciones mucho más honestas y abiertas con los demás. A fin de cuentas, el éxito viene de cultivar relaciones.

5. No posponen las cosas.
La dilación es el ingrediente principal del fracaso. No hay que decir: “estoy pensando en hacer…”. hay que decir: “mira lo que he comenzado a hacer”.

6. Saben cuándo tienen que abandonar.
Son persistentes pero no estúpidos. Parte del camino del éxito consiste en tomar rápido un fracaso para comenzar en otra cosa.

7. Tienen sentido del humor.
Ser serio en el trabajo no significa que debas estar serio. Lo cierto es que rara vez te aburrirás con una persona de este tipo. Pueden hacerte una crítica totalmente constructiva con algo de humor para que captes el mensaje pero no te sientas ofendido. El sentido del humor abre muchas puertas.

8. No tienen miedo de asumir riesgos.
Quizás lo que frena a la mayoría de personas es el miedo a los riesgos. Pero ese es el hábitat natural de las personas de éxito.

9. Pero hacen del riesgo algo controlado.
Les gustan los riesgos, pero no son kamikazes. Asumen un alto riesgo pero intentan estudiar al máximo las posibles consecuencias, imaginando siempre el peor escenario posible. Tienen miedos como todos, y saben que no les queda otra que enfrentarse a él.

10. Son respetuosos y educados.
Puedes saber qué tipo de persona tienes enfrente únicamente viendo cómo trata a un camarero. Son elegantes en el trato, educados con todo el mundo y respetuosos con cualquier persona independientemente de su posición.

11. Son tenaces.
La tenacidad es una cualidad que han desarrollado las personas de éxito. Quizás por eso han logrado muchas cosas en la vida.

12. Saben elogiar.
Reconocen en privado y en público un buen trabajo de otra persona, tanto si es su secretaria como si es un empleado que acaba de cerrar un acuerdo. No todas las personas conocen la importancia de reconocer el trabajo de una persona que está haciendo un buen trabajo.

13. Son capaces de cambiar el estado de ánimo de toda una empresa.
Y lo hacen de una forma muy sencilla. Simplemente pronunciando unas frases mágicas que cambia radicalmente un ambiente.

14. Dicen sí a prácticamente todo cuando comienzan.
Probablemente hayan llegado a conseguir el éxito porque decían sí a cualquier reto, a cualquier oportunidad de negocio, a cualquier proyecto. Saben que el éxito en ocasiones consiste en 14 fracasos y un éxito.

15. Saben decir NO con contundencia y firmeza.
Del mismo modo, llegado el momento no dicen SÍ por cumplir con alguien si realmente no quieren hacer algo. Dicen no a una distracción y dicen NO a una mala proposición. Y no dejan lugar a negociación. Es NO y punto.

16. Son creadores de suerte.
Este tipo de personas, gracias a su amabilidad, educación, ser extrovertidos y generar gratos momentos, por inercia amplían su red de contactos. La gente habla con ellos, la gente les recomienda, y por tanto, su buena reputación hace que tengan más posibilidades y oportunidades que otras personas. Es decir, la suerte no les ha encontrado, sino que ellos la han fabricado cada día.

17. Tienen un pensamiento positivo.
La mayoría de las personas piensan que eso del pensamiento positivo es una cosa espiritual o mágica, pero lo cierto es que las personas con pensamiento negativo acaban haciendo profecía auto-cumplida y terminan destruyéndose a sí mismos, mientras que las personas con un pensamiento positivo solían lograr aquello que se proponían.

18. Leen prácticamente a diario.
Sólo hay una forma de aprender y es adquirir conocimientos e ideas de otras personas. Por eso suelen ser lectores voraces. Pero recurren a la lectura productiva, y no de entretenimiento.

19. No pierden la cabeza.
Un gran error de muchas personas que rozaron el éxito y acabaron fracasando fue celebrar su éxito demasiado pronto. El éxito no es llegar a una meta. En ocasiones consiste en mantenerse en la cima, y a veces es más difícil mantenerse que llegar.
Saben que su tiempo es muy valioso, por lo que intentan no desperdiciarlo en cosas que no les estén aportando nada, y mucho menos con personas que no se merecen esa dedicación de tiempo. Siempre están ocupados al tener una agenda organizada.

21. Se mantienen motivados.
La motivación es esencial. Cuando falla la motivación, es momento de detenerse para analizar qué está fallando. Y no dudarán en cambiar o desechar aquello que están haciendo si sienten que les está drenando energía y vitalidad.

22. Se levantan temprano.
Esa es una de sus ventajas competitivas. Para ellos, el día comienza antes que para el resto, y ellos ya han sido productivos mientras que el resto aún se están despejando.

23. No hay excusas.
Todo el mundo tiende a excusar un error que ha cometido. Ellos lo asumen, pues el que no es capaz de admitir un error, no es capaz de aprender de ese error, y por tanto, es más probable que vuelva a fallar.

24. Encuentran un propósito para su vida.
La mayoría de las personas fracasan únicamente porque era imposible que tuvieran éxito, ya que no sabían hacia dónde querían llegar. Toda persona necesita un objetivo y comenzar a dar pasos hacia el objetivo. Encuentra el tuyo.

25. Piden consejos.
Por desgracia, he visto a gente muy cercana caer por el simple hecho de no haber pedido consejos a expertos en la materia que no dominaban. Todos tenemos puntos débiles.

12 consejos para periodistas digitales

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1.- Conoce a tu audiencia
2.- Piensa antes de escribir y piensa diferente
3.- Recoge la información pensando en cómo se verá en el móvil
4.- Escribe sencillo y corto
5.- Explica las cosas
6.- No escondas de qué va la noticia
7.- No apiles la información
8.- Breve pero bueno
9.- Frases y párrafos cortos
10.- No obligues al lector a averiguar donde llevan los enlaces
11.- No tengas miedo de usar hiperlinks
12.- Arriésgate, pero no te olvides de lo fundamental

¿Necesitamos las redes sociales?

El crecimiento de las redes sociales después del 2010 fue sideral. Cambió nuestras forma de comunicarse y, casi, nuestras vidas.

La mayoría contamos con más de un perfil social: mínimo uno personal y otro profesional, pero si bien el término red social parece nuevo nació en 1994 con Geocities, un servidor que alojaba gratuitamente páginas webs (que no podían superar los 5 MB) que representaban una ciudad con diversos barrios. En función a la web que creaba el usuario elegía donde “vivir”. La compró Yahoo por U$S 4000 millones y la cerró 10 años después.

En 1995 aparece Classmates, un sitio con el objetivo de poder encontrar a excompañeros de colegio o universidad. En 1997 llega SixDegrees, que permitía crear un perfil social y una lista de amigos, algo muy similar a las actuales redes sociales. Su nombre deriva del cuento escrito en 1929 por el escritor húngaro llamado Frigyes Karinthy, quien basó la trama de un breve cuento titulado Chains, en la siguiente idea: partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a unir a la humanidad entera. Esta fue la base que más tarde el sociólogo Duncan Watts desarrolló como Teoría de los seis grados y que, según esta teoría, una persona independientemente del lugar del planeta en el que viva, está conectada a otra a través de una red de conocidos que no superan los cinco intermediarios.

Con el año 2000 el usuario deja de ser pasivo y se convierte en protagonista. Es el furor de los blogs, donde las personas son creadoras de contenido y le permite a cualquiera los 15 segundos de fama que había prometido Andy Warhol.

El 2003 trae la primera gran revolución: MySpace. Una red social que permite crear un perfil completo con información personal, gustos e intereses, además de la posibilidad de compartir fotos y música, y de esta manera conocer gente afín. Ese mismo año llega LinkedIn. Creada como una red de negocios profesional que hoy tiene 500 millones de usuarios y fue adquirida por Microsoft en 2016 por U$S 26.200 millones.

Llegamos al 2004 y el Messenger de Microsoft está en su máximo apogeo, pero también llega un muy, ¿demasiado?, jóven Mark Zuckerberg, y funda Facebook rompiendo los paradigmas con una propuesta sencilla: interactuar con ‘amigos’ compartiendo tus actividades cotidianas mediante fotos y mensajes en el ‘muro’. Esto se adapta a diversos idiomas y se convierte en global. 15 años después Zuckerberg posee Facebook, WhatsApp, Messenger e Instagram y parece que, por ahora, su poder es ilimitado.

En el 2005 empiezan la segmentación en función a su utilidad. Nace Youtube, como una plataforma para compartir vídeos. En 2006 llega Twitter, con el concepto de red de microblogging que provoca hechos que quedarán en la historia, como la Primavera Árabe. 2009 la fotografía es el nuevo boom y Pinterest e Instagram son las nuevas estrellas.

RedesSociales

En busca del tiempo perdido 

Marcel, el joven hipersensible protagonista de la obra de Marcel Proust quiere ser escritor, sin embargo las tentaciones mundanas lo desvían de ese objetivo.

Al personaje del libro lo desvían las tentaciones mundanas; a nosotros, las redes sociales que no descansan. El tiempo que nos tomamos para gestionar en las redes sociales, por ejemplo nuestras vacaciones, nos quita muchísimo tiempo de actividad para otras cosas.

Los estudios indican que usuarios, hombres y mujeres de 16 a 65 años, pasamos más de una hora y media por día usando Whatsapp; otra hora y media escuchando Spotify; 1 hora 20 minutos viendo YouTube; 1 hora en Facebook, otra hora en Instagram y 45 minutos en Twitter. Por supuesto no todos estamos en todas las redes, pero el promedio de tiempo en cualquier país occidental es similar.

Ahora bien, ¿Es un cambio radical de hábitos que revolucionó todos los sectores?, o ¿Estamos abusando de su uso justificando que lo hacemos para el trabajo?

Ya hay gurúes que te dicen cómo optimizar el uso y tu tiempo en las redes, y si consideramos que han aparecido nuevas enfermedades psicológicas causadas por las redes sociales, deberíamos detenernos a reflexionar para qué las usamos.

Las enfermedades psicológicas empezaron con el síndrome de la llamada imaginaria. Yo lo sufrí, y hasta el 70% de los usuarios de móviles lo han sufrido alguna vez. Es creer o alucinarte que el móvil sonó o vibró y en realidad no lo había hecho y, en mi caso ni siquiera lo tenía conmigo en ese momento. Los especialistas dicen que ante el aumento del estrés, el cerebro asocia cualquier vibración o impulso que recibe, con el teléfono móvil.

Con el tiempo se fueron agregando otras psicopatías como la nomofobia que es la angustia o ansiedad causada por olvidar o no tener acceso al celular, lo que nos lleva a no poder acceder a las redes sociales.

También hay gente que se deprime porque tienen muchos o pocos contactos o seguidores en las redes sociales. Existe la depresión del Facebook, que sucede cuando se pasa mucho tiempo etiquetando fotos, escribiendo sobre acontecimientos agradables de terceros y alabando a los amigos, pero después se deprimen por su propia vida cotidiana.

La adicción a estar conectado todo el tiempo suele afectar seriamente la vida privada y social de los adictos y su entorno, lo mismo que la dependencia a los juegos en línea. En ambos casos hay tratamientos de 12 pasos similares a los de alcohólicos anónimos.

Otro problema más nuevo es el llamado Efecto Google, donde nuestro cerebro se niega a recordar algún dato sabiendo que podemos acceder de inmediato al mismo mediante el buscador.

Después hay enfermedades tradicionales como la hipocondría que se agrava ante la posibilidad de encontrar nuevas y extrañas enfermedades en internet y potenciar la creencia que las padecemos.

 

¿Las necesitamos?

Pese a que nos digan lo contrario, no necesitamos redes sociales para todas las cosas que nos dicen que necesitamos.

No las necesitamos para hacer amigos o construir relaciones.

No las necesitamos para ser activos o comprometidos con la política.

No las necesitamos para explorar nuestras ciudades o encontrar nuevas cosas que hacer.

No las necesitamos para tomar un taxi, un bus o volar en un avión.

No las necesitamos para escuchar música nueva o leer libros nuevos.

No las necesitamos para hacer nuestras compras.

No las necesitamos para descubrir subculturas o grupos afines o para apreciar el buen diseño.

No las necesitamos para planear nuestras vidas.

Sin embargo, voy a utilizar las redes sociales para que en tiempo real, a nivel global, y de manera gratuita pueda difundir este artículo y conseguir más seguidores.