Curiosa historia de McCann

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Esta es una historia poco conocida de Harrison King McCann, uno de los fundadores de la célebre agencia de publicidad McCann/Erickson.

Cada vez que McCann conseguía un nuevo cliente compraba acciones de la empresa de ese cliente con el siguiente argumento:

“Estoy tan seguro de que nuestra creatividad va a hacer crecer su negocio, que también yo quiero beneficiarme de ese crecimiento”

Harrison King McCann comenzó su carrera laboral en un reconocido hotel en la ciudad de Nueva York, para luego pasar a ser ser gerente de publicidad de Telephone Company. En 1911 pasa  a Standard Oil Co. y más tarde decide crear su propia agencia H.K. McCann Co..

Él inventa el término “Marketing Total” poniendo énfasis en las Relaciones Públicas, la promoción de ventas y la investigación de mercados.

Debido a la gran depresión de 1929 se ve obligado a asociarse con Alfred Erickson, quien tenía 17 años de experiencia en el sector. Juntos lanzan la American Association of Advertising Agencies. Erickson fallece en 1934 y la agencia ya facturaba U$S 50 millones por año.

McCann queda a cargo de la agencia hasta su muerte en 1962.

Gestión en la incertidumbre

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Estamos viviendo un entorno empresarial denominado VUCA, que son las siglas del acrónimo de Volatility (volatilidad), Uncertainty (incertidumbre), Complexity (complejidad) y Ambiguity (ambigüedad).

Para sobrevivir al entorno VUCA hay que empezar a trabajar en el presente.

Conocimiento y predecibilidad son las claves para adaptarse al entorno VUCA, lo que significa centrar la estrategia del negocio en el conocimiento y la predecibilidad abordándolo desde dos perspectivas:

1) Una formación constante donde los nuevos avances tecnológicos hacen necesaria una actualización inmediata de nuestros conocimientos.

2) Capacidad para afrontar los cambios y hacer frente a los problemas y dificultades con esfuerzo y perseverancia.

Si se está al frente de una empresa se debe abordar la Volatilidad con una correcta visión de futuro. La Incertidumbre con conocimiento y actualización constante para entender. Aportar claridad y sencillez en la ejecución de tareas. Acabar con la ambigüedad con agilidad.

El líder que no sepa adaptarse con rapidez, agilidad y constancia a los cambios e imprevistos que van surgiendo, se verá abocado al fracaso ante la fuerza y estabilidad que ya están consiguiendo sus principales competidores y el resto de compañías del sector.

Descortesía laboral

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La vida de oficina se ha convertido en algo hostil, pareciera que todos odiaran su trabajo. La descortesía en el lugar de trabajo, dicen los especialistas en gestión, se define como “comportamiento desviado de baja intensidad”, y se ha generalizado pese a no haber razones evidentes que expliquen el por qué de este comportamiento.

De acuerdo a lo que observé en diversos ámbitos de trabajo, los pequeños detalles son los que más se han perdido.

Email, teléfonos, auriculares

Ante el exceso de mensajes por correo electrónico hemos decidido no contestarlos o hacerlo con respuestas bruscas o groseras. Contestar el teléfono en el trabajo se ha convertido en algo opcional, lo que es una falta de cortesía no sólo con la persona que llama, sino con los colegas que aguantan el timbre.

Para completar el panorama el teléfono inteligente, omnipresente en toda situación, terminó de mandar los buenos modales al infierno. No se salva una conferencia, curso de capacitación, comida, reunión, conversación, de simular que estamos escuchando y atentos y no mirado tuiteando o whatsappeando.

Hace unos días fuí a las oficinas de una corporación internacional que la habían remodelado, eliminando los cubículos y, propiciando los espacios abiertos para que la gente interactúe más. La respuesta de más del 60% del personal fue adoptar auriculares dejando bien en claro “aquí estoy, pero me gustaría más no estarlo”.

Si a esto se le suman los horarios flexibles y escritorios compartidos ya es casi imposible llegar a conocer y saber quién es tu compañero

De todas formas, y a mi criterio, la peor de las groserías es el nuevo culto a estar desbordado o excesivamente ocupado. La sensación que recibo es que si decís que estás “muy” ocupado te habilita a llegar tarde a las reuniones, hacer que la gente espere, y, excusarte con justificación ante cualquier cosa que te pidan. Lo que sí me queda claro es que la falta de educación tiene un efecto negativo muy poderoso en el lugar de trabajo.

La distracción es el enemigo de la productividad

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La productividad constante no sucede por casualidad. Las personas productivas tienen un secreto para su productividad: eliminar las distracciones.

¿Esperabas algo más complicado? Pues no es complicado.

Ser productivo requiere eliminar las cosas que te impiden hacer las cosas.

La productividad es una fórmula: Productividad = Disciplina = Proyecto Completado

Proyecto completado = (tiempo de trabajo – conectividad – Influencias tóxicas)

Se necesita disciplina para eliminar las distracciones. Y los resultados de la disciplina es un proyecto completado. Las personas productivas usan la disciplina para completar proyectos al eliminar las distracciones.

Eliminar las distracciones requiere de tres D:

Desconectar. Reducir las interrupciones para facilitar el enfoque en la tarea en cuestión.

Desintoxicación. Erradicar los factores que crean obstáculos para el progreso.

Desarrollar. Invertir los recursos adecuados para facilitar un entorno más productivo.

Desconectarse te conecta a tu trabajo. Cuando necesita concentrarse, debe desconectarse de su “conexión”.

Desconectarse implica olvidarse de las notificaciones de llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, reuniones, actualizaciones de estado, fotos o tweets.

Las distracciones son el enemigo de la productividad y la motivación el mejor amigo. Sin embargo, la motivación es frágil y las cosas más leves ayudan, muchas veces, a descarrilar del camino trazado. También los empleados tóxicos envenenan la cultura con bromas desmotivadoras disfrazadas de “ser realistas” o “defensores del diablo”. Liberá tu zona de toxicidad.

Otro factor es tener los recursos disponibles que se necesitan. Ninguno de nosotros es tan listo como todos nosotros. Si utilizamos la inteligencia que tenemos en el grupo tomaremos las mejores decisiones. Sin embargo el equipo necesita ser desarrollado, y no se trata de dinero, sino, a veces es  la libertad de tomar decisiones, o de ser dueño de una parte del proyecto.

100 años del Negroni

negroniEl Negroni es mi cóctel preferido. Fácil de preparar; la amargura justa para saciar la sed; lo suficientemente sexi para beber más de uno.

Si bien es una variación del clásico cóctel el Americano, que es una mezcla de Campari, vermú dulce y soda, servida con una rodaja de limón, en Europa se lo conocía como como Milano-Torino por sus ingredientes: Campari de Milán y Vermouth di Torino; durante la Ley Seca cambió de nombre porque era el cóctel favorito de los estadounidenses que iban de vacaciones por Italia. ¡Gracias Italia por tanto!

Ahora bien, en 1919, dice la leyenda, el Conde Camillo Negroni de Florencia, Italia, le pidió a su camarero en el Café Cassoni (hoy Caffè Giacosa) en la Via de ‘Tornabuoni que endureciera su Americano reemplazando la soda con gin. La historia dice que el cantinero también reemplazó el limón con una rodaja de naranja.

Algunos dicen que hay que servirlo con un solo hielo gigante, pero eso entra dentro de los gustos personales.

Cada década tuvo su Rey

Cada década tuvo sus cócteles emblemáticos. En los locos años veinte fue el reinado de Dry Martini que se mantuvo vigente varias décadas, y James Bond lo revolucionó con su ‘agitado, pero no revuelto’.

En los treinta el Gimlet fue sensación, especialmente después que Raymond Chandler en su novela El largo adiós le hiciera decir a su personaje Terry Lennox: ‘El auténtico gimlet es mitad gin mitad jugo de lima Rose’s y nada más. Le da mil patadas al Martini’.

En la década del 40, y con la ciudad de New York en su esplendor, el Manhattan fue el must de la época. Whisky, vermú y angostura, y, decorado con una cereza roja, sigue siendo un clásico en cualquier bar que se precie de tal.

En los años 50 los cócteles se inclinaron hacia sabores más dulces y hacia bebidas caribeñas. El Mojito, inventado en La Habana, Cuba, se volvió popular por esa mezcla tan exótica de ron, azúcar, menta, lima y soda. Dulce y fresco. Ernest Hemingway fue su fan número uno y lo difundió mundialmente, luego se sumaron influencers como Brigitte Bardot, Nat King Cole y Erroll Flynn entre otros.

Los años 60 tuvieron dos reyes: El muy femenino cóctel Alexander y el reposicionamiento del muy masculino Bloody Mary. El Alexander lleva brandy, crema de cacao, crema de leche y un poco de nuez moscada. Hay que beberlo en forma pausada y con buena conversación. Distinto es el Bloody Mary que lleva vodka, jugo de tomate, jugo de limón, salsa inglesa y salsa tabasco. Es un cóctel explosivo que simbolizó a la guerra fría.

Llegaron los años 70 y entró en escena el Tequila sunrise. Tequila, jugo de naranja y jarabe de granadina. Sus colores nos llevaban a la época dorada de Acapulco pese a que su origen se encuentra en el Arizona Biltmore Hotel.

En la década de 1980 la Piña colada arrasó con todo. La combinación de ron, crema de coco y jugo de piña, hicieron un cóctel suave y dulzón amado por ambos sexos. Siempre la piña colada nos recuerda a las paradisíacas playas del Caribe.

Con los 90 y el fin de siglo llegó el revival de los cócteles clásicos como el Dry Martini muy bien definido por el célebre humorista James Thurber: ‘Dos son demasiados y tres no son suficientes’. Además las inolvidables chicas de Sex and the city pusieron en el top a otro clásico hasta ese momento olvidado: el Cosmopolitan. El Cosmo, como se lo conoce en la noche, se hizo popular entre las mujeres y en los clubes nocturnos gay. Ligero y elegante es un cóctel clásico a base de vodka y jugo de arándanos, con un toque de limón y Cointreau.

Antes de dejar todo e ir corriendo al bar, les cuento que en 1954, el multipremiado barman argentino Santiago Policastro, dejó por escrito en su decálogo que, ‘el barman es un artista y la coctelería un arte que se nutre de espíritu, sabor, aroma y color’.

Sigamos celebrando el centenario del jóven Negroni.

Millennials & Coworking

Hay casi un millón de personas que trabajan actualmente en espacios de coworking en todo el mundo. Esta cifra es muy alta si consideramos que los espacios de Coworking tienen poco más de cuatro años.

Un punto importante es que los Millennials son la generación más grande en la fuerza laboral actual, lo que implica en cierta forma ser los responsables de este cambio.

Ninguna generación anterior tuvo tanto acceso a la tecnología que abrió un mundo de posibilidades que, creo, causó un cambio radical en la forma de trabajar.

People realxing during lunch break

6 valores positivos de los millennials

Creo que hay seis valores positivos asociados universalmente a los millennials y muy emparentados con el coworking:

1. Son una generación startup

Salen de la universidad buscando un trabajo en alguna de las industrias creativas o tecnológicas, o bien en una empresa emergente, o incluso comenzando sus propias empresas. El panorama laboral cambió radicalmente en 2008 y, como resultado, hoy más del 30% de la fuerza laboral global es cuentapropista o freelance.

Asumen riesgos y creen en el poder del fracaso y en los aprendizajes que el fracaso deja.
Para nuestra generación los ídolos eran Jimi Hendrix o John Lennon. Para muchos de los millennials sus ídolos son Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Elon Musk, y eso ha afectado la forma de trabajar.

Esta generación busca lugares de trabajo innovadores y con un espíritu similar al de las oficinas de Google o Twitter donde el espacio de trabajo tiene salas de juegos, cerveza artesanal y, además, sustentable.

2. Son los refundadores de la economía del intercambio.

Los recursos compartidos se han convertido casi en el ADN de los millennials. En parte porque han sufrido la recesión de la década pasada y se encontraron en un universo laboral hostil y difícil. Son cautelosos y como generación han postergado las grandes decisiones de forma algo indefinida.

Nosotros queríamos ser propietarios y ellos sólo quieren acceder. Nuestro primer automóvil era una obsesión y para ellos no. Esta forma de pensar los lleva a buscar una economía colaborativa de consumo y de trabajo. Por ejemplo, hay 12 empresas emergentes que se han convertido en unicornio ofreciendo transporte, alojamiento y espacios de trabajo compartidos.

3. Miden la vida en experiencias.

Es una generación que mide la felicidad no en las posesiones sino en las emociones y experiencias vividas. Esas experiencias incluyen viajes, conciertos, eventos culturales y festivales. Este cambio llevó a que las empresas se centren en la creación de experiencias memorables para los empleados para que estos acepten a las compañías de las que forman parte. Con esta premisa el lugar de trabajo en sí mismo debe ser una experiencia diaria en la que se formen algunos de sus mejores recuerdos.

4. Ansían comunidad

Es la generación más interconectada de la historia. Comparten sus intereses y sus valores a diario en las comunidades en línea y fuera de ella. Este compromiso con estas comunidades tiene el poder de hacer que algo se vuelva viral.

Si bien se piensa que debido a la tecnología y a la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar, el lugar de trabajo es cada vez menos necesario, es, sin embargo, distinto para ellos. Es un lugar menos necesario para trabajar, pero más necesario como lugar para colaborar y compartir, para ser parte de una comunidad física. Antes esa comunidad, tan necesaria, era el barrio o colonia, el club, o los templos religiosos. Los millennials son menos religiosos y más transitorios.

5. Son la generación del yo.

Los relojes inteligentes permiten llevar métricas de casi todo. Algunos de ellos llevan métricas de pasos caminados; otros de nuevos entrenamientos; otros de calorías consumidas; otros de relajación; otros de aprendizaje de idioma, etcétera.

Los llaman perezosos pero si algo los motiva se vuelven incansables. Son más inflexibles con respecto a la mejora personal. En superación personal gastan el doble que los Baby Boomers pese a que sus ingresos son la mitad. Quizás por eso valoren los espacios de trabajo que incorporan tecnologías inteligentes que maximizan la productividad y, además, les permita acceder a una clase de meditación, una clase de UX o un taller de origami. El lugar de trabajo debe ofrecerles oportunidades constantes de desarrollar nuevas habilidades y seguir aprendiendo.

6. Son progresistas.

Es una generación que no acepta tanto el status quo. Quizás aquí esté la respuesta a que un lugar de trabajo debe ofrecerles mucho más que un simple escritorio y un salón comedor en común. Los espacios de coworking tienen salones de clase, auditorios donde asisten líderes a contar su experiencia, laboratorios de tecnología inmersiva, clases de yoga y meditación, muros para escribir, estaciones de hidratación, guarderías infantiles y espacios verdes con riego automático para que poder estar conectados con la naturaleza mientras trabajan. El espacio de trabajo pasó a ser un espacio de hospitalidad.

Si tenemos en cuenta que la oficina se inventó a fines del siglo XIX, y hasta ahora no sufrió grandes cambios, podemos considerar que el lugar de trabajo continuará evolucionando para satisfacer las necesidades cambiantes de los millennials y los centennials.

La Crisis según Einstein

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“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la iniciativa, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.