¿Por qué votan al populismo?

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Necesito entender por qué la gente vota por las propuestas populistas. Me interesa porque está en juego la democracia liberal. Muchos de ellos son elegidos democráticamente, pero representan una amenaza real al estado de derecho legal y constitucional que limita el poder, y además presentan a las instituciones y a la prensa como enemigos del pueblo.

Hace 30 años caía el muro de Berlín y con él la utopía comunista atrapada en un gran fracaso que significó un caos económico y social. Fujuyama había definido ese momento como el fín de las ideologías. Nunca creí que la ideologías hubiesen muerto. Todo lo contrario.

Luego vinieron 10 años extraordinarios de desarrollo. Los países que habían abandonado el régimen comunista eran ahora democráticos y liberales. Obviamente nadie puede transformarse en democrático de la noche a la mañana después de haber vivido toda su vida bajo opresión y sin libertades. Ahí estuvo un gran error: Creer que todos los países podían ser democráticos y liberales. Argentina, por ejemplo, no es un país que entienda lo que significa la democracia y las responsabilidades que conlleva el sistema. Una democracia no son solo elecciones populares regulares, es también los derechos de las minorías y es también tener un gobierno moderado que realmente refleje la verdadera voluntad de la ciudadanía. 

Después de atentado a la Torres Gemelas entramos de lleno en el siglo XXI y fue la primera alarma de que comenzaba una nueva época. En los países centrales se cambiaron libertades individuales por mayor seguridad interior pese que a nivel global se vivía un creciente orden liberal con un sistema de libre comercio con movimiento de bienes, personas, servicios, ideas e inversiones a través de las fronteras internacionales. Las alianzas de América del Norte con Europa y Asia fueron iniciativas realmente muy exitosas.

Pensemos en estas cifras. Alrededor de 35 países eran democracias en 1970 y alcanzaron su punto máximo 40 años después con 117 países. No todas eran perfectas dependiendo de cómo se mida una democracia. A principios del nuevo milenio la producción global se cuadruplicó en todos los aspectos. Las condiciones económicas estaban mejorando: no solo en términos de ingresos, sino que las clases medias iban en aumento en lugares como China e India al igual que la salud infantil. Por primera vez la mortalidad infantil estaba disminuyendo.

De pronto, a fines de la primera década del siglo, surgieron poderes autoritarios muy seguros de sí mismos, y detrás de ellos surgió un nuevo populismo dentro de las democracias establecidas y entre las más nuevas, que aún estaban en proceso de consolidación.

Hay que entender que hay varios populismos. Hay un populismo económico, donde un líder promueve políticas económicas o políticas sociales populares a corto plazo pero desastrosas a largo plazo. Venezuela, por ejemplo, con Hugo Chávez abrió clínicas, repartió comida gratis, y la gasolina pasó a costar menos de 3 centavos el litro. Nada de esto pudo ser sostenible en el tiempo.

Después existe un populismo político, donde un líder carismático dice que él tiene una conexión directa con el pueblo, con los ciudadanos. Creando un sistema antiinstitucional. El líder populista dice: yo te represento a ti y al pueblo, y todos estas instituciones (justicia, prensa, legisladores) se interponen en mi camino para entregarles lo que ustedes quieren que les dé. Los líderes populistas atacan la parte liberal de la democracia liberal. Atacan las estructuras constitucionales, los controles y contrapesos que intentan limitar el poder ejecutivo. Los populistas tienden a la política autoritaria porque no les gusta que las instituciones se interpongan en su camino.

Cuando Donald Trump aceptó la nominación republicana tuvo en su discurso de aceptación una frase que me llamó la atención: “Solo yo entiendo tus problemas y solo yo puedo solucionarlos”. Esto es algo que me había cansado de escuchar de los diversos gobiernos peronistas que pasaron por Argentina desde 1943.

El tercer tipo de populista es el que dice “yo apoyo al pueblo”, pero no se refiere a todo el pueblo, sino a cierto tipo de grupo, en términos de valores culturales tradicionales, o religiosos como un sentido tradicional de identidad nacional, y no siempre ese grupo corresponde con la población real que vive en ese país. En México, Andrés Manuel López Obrador, fue muy explícito en sus actos al afirmar que la identidad nacional de México es ser un mexicano étnico. Es decir, si no eres de variada etnia mexicana, no eres parte de la nación. Jair Bolsonaro en Brasil dice que su aliado es Dios.

Una manera fácil de distinguir entre los populistas de izquierda y derecha es que los populistas de izquierda son el número 1 y el número 2, y los populistas de derecha son los número 2 y el número 3.

¿Y por qué?

Creo que hay tres categorías para comprender lo que pasó.

Primero sabemos que en un sistema de libre comercio los ingresos de todos los participantes aumenta. De hecho sabemos que la producción mundial se cuadruplicó en 30 años. Pero muchos no entendieron que no todas las personas de todos los países se iban a enriquecer. Aquí está el primer problema. Un trabajador menos calificado y menos educado en un país rico, es reemplazado por un trabajador igualmente calificado en un país pobre. Por eso escuchamos a Donald Trump decir que los mexicanos se llevan los trabajos de los estadounidenses, que de hecho es lo que estuvo pasando. En un sistema globalizado de libre comercio, muchos empleos de los países desarrollados pasó a países en vías de desarrollo, provocando un declive económico de gran parte de la vieja clase trabajadora. En Estados Unidos entre 1995 y 2015 los ingresos promedio de las personas de los deciles más bajos tuvieron un brusco descenso de sus ingresos. Aquí aparecen dos fenómenos muy interesantes. El principal perjudicado de este cambio eran los hombres, que al salir de una economía industrial y entrar a una economía de servicios, se encontraban con las mujeres que adoptaron naturalmente posiciones más relevantes. El trabajador de sexo masculino perdió su trabajo en una fábrica y solo pudo reinsertarse laboralmente en un local de comidas rápidas ganando menos dinero. Menos dinero que su padre y menos dinero que su pareja, esposa o novia, que pasó a ser la principal fuente de ingresos del hogar. Esto implica no sólo pérdida de ingresos para el hombre, sino pérdida de estatus y un fuerte golpe al ego. Entre los trabajadores poco calificados hay un aumento de familias monoparentales, aumentos en las tasas de delincuencia en sus vecindarios, una epidemia de drogas que mató a más de 70 mil estadounidenses y una reducción en su esperanza de vida.

Segundo sabemos que la democracia per se produce un gobierno débil. En las democracias sólidas el presidente no toma decisiones; las decisiones se toman en los  parlamentos mediante coaliciones y trabajando junto a grupos de interés y diversos lobbies. Es difícil imponer. Muchos ciudadanos suelen caer en la creencia que lo que se necesita es tener un hombre fuerte, un líder que acabe con los cabildeos y esas tonterías, y tome decisiones e imponga las cosas que hay que hacer.

En varios países se pensó que las personas ricas y corporativas son ese tipo de líder, por lo que ha habido una tendencia a elegir empresarios para que sean líderes políticos. Esto trae algunos problemas. Las corporaciones son bastante autoritarias y sus CEOs son una especie de Reyes absolutos que sólo rinden cuentas a un grupo de accionistas. En las empresas familiares la situación es mucho peor. Macri en Argentina, Trump en Estados Unidos, Abe en Japón y Modi en la India son algunos buenos ejemplos de este tipo de líder político.

Tercero hay un tema cultural relacionado con la identidad. A veces se pone mucho peso en lo económico y no tanto en el lado cultural. La identidad de una región o país, si bien es un concepto muy antiguo, se puso de moda después de la segunda guerra mundial.

De identidad hablaron desde Sócrates a Lutero y muchos lo relacionan con la religión.  Antiguamente la sociedad establecía reglas para crecer, aprender y relacionarse. Había que seguir esas reglas si se quería progresar. En la actualidad no es así porque lo valioso pasó a ser el yo interior, la sociedad está equivocada y es la que tiene que cambiar. Rousseau decía que todo el proceso histórico nos convirtió en farsantes al crear reglas que suprimen al ser interior.

Si analizamos, el actual Me Too tiene esa estructura. La mujer tiene conocimientos, habilidades y muchas características especiales; sin embargo el hombre la devalúa a un mero objeto sexual. En esta visión moderna lo que realmente importa es el yo interior. Eso es lo más valioso y, por ende, toda la sociedad tiene que cambiar. Los hombres están pasando por una reconversión cultural aprendiendo un conjunto de nuevas reglas para poder relacionarse con las mujeres. Esta comprensión moderna de la identidad es lo que ha impulsado toda una serie de movimientos políticos y sociales en los últimas décadas.

Se sabe que un gobierno autoritario no respeta a sus ciudadanos. Un gobierno autoritario moderado como el de Singapur trata a sus ciudadanos como niños. El gobierno sabe que es lo que la ciudadanía necesita, y como esta no es lo suficiente madura para tomar decisiones por sí misma, entonces tiene que guiarla. En una dictadura no eres un ser humano, eres carne de cañón o eres parte de la maquinaria que el gobierno utiliza para sus propios fines. Una democracia liberal nos reconoce, reconoce nuestra dignidad y nos otorga derechos como el derecho a la palabra, a la asociación y a la participación política a través del voto.

Creo que todos valoramos el núcleo de la democracia; sin embargo, este reconocimiento liberal universal siempre se enfrentó al nacionalismo. Después de la Revolución Francesa estaban las dos corrientes en simultáneo. Por un lado la Revolución con los derechos universales del hombre, y por el otro lado el nacionalismo francés que quería echar a los extranjeros y tener un país que ellos mismos controlaran. Esta interpretación liberal luchó contra la interpretación nacionalista durante todo el siglo XIX. Europa tuvo su revolución liberal, pero también tuvo una revolución nacionalista. Alemania, por ejemplo, en nombre del pueblo alemán definieron de una forma intolerante y muy agresiva de nacionalismo la historia, que luego se apoderó de muchos países y condujo a dos guerras mundiales. Esta Política de Identidad es la que está regresando en muchos países. El islamismo también se puede interpretar como una búsqueda de reconocimiento. No es casualidad que muchos jóvenes musulmanes europeos se sumaran a Al-Qaeda porque tenían un conflicto de identidad real. Provenían de familias que habían emigrado a Europa y no se sentían cómodos con la religiosidad de sus padres, pensaban que era anticuada y tradicional, pero tampoco se sentían integrados en la sociedad en la que vivían y fueron incapaces de responderse ¿quién soy yo realmente?El islamismo les dió un sentido de pertenencia. Les dio variantes de reconocimiento e identidad.

En la década del 60 en Estados Unidos se formaron una importante cantidad y variedad de movimiento sociales similares a los actuales. En aquellos años los movimientos defendían los derechos civiles de los afroamericanos, de los feministas, de los discapacitados, del movimiento LGBT. Todos representaban grupos que habían sido marginados por la sociedad en general. En 1960 la sociedad dominante era blanca y masculina y ninguno de estos grupos tenía un lugar en aquel orden social. Así empezó la lucha por la justicia social, por el acceso para todos al mercado laboral, a la educación, a la igualdad de trato ante la ley, etcétera. Todos estos movimientos estaban respondiendo a males sociales reales y fueron muy importantes para corregir esos males como la segregación racial en los Estados Unidos, pero, en estos 50 años que pasaron cambió la forma en que la izquierda comenzó a pensar sobre la desigualdad.

La izquierda cambia su objetivo

En el siglo XX y bajo la visión marxista la desigualdad se vio especialmente en Europa,  convirtiéndose en la gran lucha entre capitalistas y proletariado. El proletariado del siglo XX en la mayoría de las sociedades desarrolladas eran hombres blancos. Con el paso del tiempo, la izquierda comenzó a prestar más atención a grupos específicos como las mujeres, las minorías raciales y otros tipos de grupos. La izquierda perdió contacto con la vieja clase trabajadora blanca que había sido su principal apoyo en el siglo XX. En 1930 los votos blancos y rurales del sur fueron para el demócrata Franklin Roosevelt, que era el candidato que iba a hacer la redistribución y ayudarlos económicamente. Pero a medida que la concepción de la desigualdad comenzó a cambiar en esta dirección de identidad, el Partido Demócrata comenzó a perder contacto con esa vieja clase trabajadora blanca que empezó a desertar hacia el Partido Republicano. Ronald Reagan, en la década de 1980, apeló a los votantes blancos de la clase trabajadora y ganó. En Europa la izquierda se enfocó en temas ambientales y la clase trabajadora blanca, que era su núcleo de apoyo, se volcó hacia los partidos de derecha.

Hace 50 años una persona blanca en los Estados Unidos ni siquiera se consideraba una persona blanca, simplemente era estadounidense, porque así eran los estadounidenses. Hoy esa persona blanca es una minoría que está siendo discriminada por las nuevas élites. Esta persona piensa: “Pertenezco a un grupo que realmente no es nada privilegiado, y esto me lo están imponiendo personas que realmente son privilegiadas. Son personas educadas en universidades y tienen su lugar destacado en los medios de comunicación”. Este nuevo encuadre de identidad giró de izquierda a derecha. La clase trabajadora blanca en los Estados Unidos, siguió a la clase trabajadora negra a una especie de derrota y caos social.

Mucha gente critica a los republicanos del Tea Party sin comprender que para ellos “el sueño americano” se les evaporó. Crían familias, trabajan todos los días y de repente ven gente que los sobrepasa a gran velocidad. Algunos son negros, otros son latinos; algunos son mujeres, otros son gays y lesbianas; algunos son indios o chinos. Esta gente empieza a sentir resentimiento por el esnobismo cultural que tiene la gente educada, cosmopolita, urbana, sofisticada que conforman las élites en las sociedades modernas contra ellos que tienen menos educación, que no viven en grandes ciudades y que tienen valores sociales y culturales mucho más tradicionales. La gente de las artes, de los medios de comunicación y de los dos partidos políticos, no les presta mucha atención y esa es la base para los movimientos populistas, no solo en Estados Unidos, sino también en la vieja Europa.

El miedo a que los inmigrantes les quiten la identidad nacional es el tema que une a prácticamente todos los nuevos movimientos populistas en Europa. Ellos que sentían que solían definir la identidad nacional, y ahora las identidades nacionales están siendo socavadas, no solo por los inmigrantes, sino por las élites que apoyan a los inmigrantes.

No sé si después de la pandemia habrá un espacio para este debate. Espero que si. Nos debería interesar a todos.

Las 12 señales de alerta del fascismo según Umberto Eco

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El filósofo italiano Umberto Eco difundió las doce síntomas de alerta cuando el fascismo empieza a ganar terreno en la política.

1. Utilización del miedo a lo diferente
La estigmatización de minorías que no encajan exactamente en el arquetipo de “ciudadano medio” que permite reforzar la idea de identidad nacional, que puede servir para reivindicar cualquier objetivo político.

2. Control y represión de la sexualidad
El control de la sexualidad, en especial de la femenina, es un sistema propagandístico que además permite reprimir minorías, ya sea a partir de su orientación sexual o por el modo en el que se concibe lo sexual y afectivo.

3. Oposición sistemática a la más mínima crítica
El rechazo total a las críticas permite hacer y deshacer cualquier clase de iniciativas sin tener que dar explicaciones ni rendir cuentas ante nadie.

4. Valoración de la fuerza y la acción por encima del intelecto
La desconfianza hacia lo intelectual hace que el pensamiento crítico del país quede herido de muerte. Se considera que la razón es una manera de encubrir intereses basados en la razón y que, por consiguiente, es una pérdida de tiempo.

5. Apelación constante a una amenaza que no desaparece
Estar todo el tiempo apelando a una amenaza eterna permite introducir el estado de excepción, gracias al cual el partido político puede incumplir la legalidad vigente “por el bien del pueblo”. Los casos de terrorismo de estado son un claro ejemplo de esto.

6. Uso de discursos de vocabulario sencillo y basado en tópicos
La utilización de palabras con significado muy amplio permite producir discursos que, pese a que parecen muy claros, no contactan con la realidad. Normalmente el único mensaje que se da tiene que ver con las ideas más impactantes, como quién tiene la culpa de algo o la actitud que el partido va a tener frente a un hecho, pero no se concreta demasiado.

7. Ridiculización de lo innovador o novedoso
Todo aquello que se separa del modo tradicional de ver el mundo es rechazado y ridiculizado como si fuese una distracción, una mentira o un pasatiempo banal.

8. Énfasis en la importancia de la tradición y la identidad nacional
Apelar constantemente a la identidad de un pueblo y a la tradición es una manera fácil de reivindicarse como el espejo “natural” de la voz de ese colectivo. No hace falta proponer políticas que beneficien a la mayoría, simplemente se utilizan los símbolos, los iconos y las costumbres como piezas de la propaganda.

9. Llamamiento constante a una clase social descontenta
Esta no es una característica que de por sí defina al fascismo, ya que el populismo lo hace permanentemente. Sin embargo, el fascismo se reivindica como la única voz de esa parte de la población, como si en ella no existiese la pluralidad.

10. Utilización de un líder carismático que representa al pueblo
El líder es el reflejo del pueblo, y como tal habla en su lenguaje y trata de expresar las mismas preocupaciones que el estereotipo de la parte de la población a la que apela. Sus decisiones personales y sus gustos y preferencias son tomadas como un asunto público, ya que es la encarnación de la voluntad popular.

11. Búsqueda constante de culpables externos
Culpar de todo a quien está fuera del sistema de propaganda y no se puede defender permite desplazar la atención sobre los fallos del partido o, si quedan revelados, se muestran como equivocaciones dadas en la lucha contra un mal mayor.

12. Apelación constante a la voluntad del pueblo
Se intenta apropiarse de las reivindicaciones populares haciendo que pasen a lo institucional y allí se disuelvan y se confundan con los objetivos políticos de los líderes del movimiento fascista.