¿Necesitamos las redes sociales?

El crecimiento de las redes sociales después del 2010 fue sideral. Cambió nuestras forma de comunicarse y, casi, nuestras vidas.

La mayoría contamos con más de un perfil social: mínimo uno personal y otro profesional, pero si bien el término red social parece nuevo nació en 1994 con Geocities, un servidor que alojaba gratuitamente páginas webs (que no podían superar los 5 MB) que representaban una ciudad con diversos barrios. En función a la web que creaba el usuario elegía donde “vivir”. La compró Yahoo por U$S 4000 millones y la cerró 10 años después.

En 1995 aparece Classmates, un sitio con el objetivo de poder encontrar a excompañeros de colegio o universidad. En 1997 llega SixDegrees, que permitía crear un perfil social y una lista de amigos, algo muy similar a las actuales redes sociales. Su nombre deriva del cuento escrito en 1929 por el escritor húngaro llamado Frigyes Karinthy, quien basó la trama de un breve cuento titulado Chains, en la siguiente idea: partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a unir a la humanidad entera. Esta fue la base que más tarde el sociólogo Duncan Watts desarrolló como Teoría de los seis grados y que, según esta teoría, una persona independientemente del lugar del planeta en el que viva, está conectada a otra a través de una red de conocidos que no superan los cinco intermediarios.

Con el año 2000 el usuario deja de ser pasivo y se convierte en protagonista. Es el furor de los blogs, donde las personas son creadoras de contenido y le permite a cualquiera los 15 segundos de fama que había prometido Andy Warhol.

El 2003 trae la primera gran revolución: MySpace. Una red social que permite crear un perfil completo con información personal, gustos e intereses, además de la posibilidad de compartir fotos y música, y de esta manera conocer gente afín. Ese mismo año llega LinkedIn. Creada como una red de negocios profesional que hoy tiene 500 millones de usuarios y fue adquirida por Microsoft en 2016 por U$S 26.200 millones.

Llegamos al 2004 y el Messenger de Microsoft está en su máximo apogeo, pero también llega un muy, ¿demasiado?, jóven Mark Zuckerberg, y funda Facebook rompiendo los paradigmas con una propuesta sencilla: interactuar con ‘amigos’ compartiendo tus actividades cotidianas mediante fotos y mensajes en el ‘muro’. Esto se adapta a diversos idiomas y se convierte en global. 15 años después Zuckerberg posee Facebook, WhatsApp, Messenger e Instagram y parece que, por ahora, su poder es ilimitado.

En el 2005 empiezan la segmentación en función a su utilidad. Nace Youtube, como una plataforma para compartir vídeos. En 2006 llega Twitter, con el concepto de red de microblogging que provoca hechos que quedarán en la historia, como la Primavera Árabe. 2009 la fotografía es el nuevo boom y Pinterest e Instagram son las nuevas estrellas.

RedesSociales

En busca del tiempo perdido 

Marcel, el joven hipersensible protagonista de la obra de Marcel Proust quiere ser escritor, sin embargo las tentaciones mundanas lo desvían de ese objetivo.

Al personaje del libro lo desvían las tentaciones mundanas; a nosotros, las redes sociales que no descansan. El tiempo que nos tomamos para gestionar en las redes sociales, por ejemplo nuestras vacaciones, nos quita muchísimo tiempo de actividad para otras cosas.

Los estudios indican que usuarios, hombres y mujeres de 16 a 65 años, pasamos más de una hora y media por día usando Whatsapp; otra hora y media escuchando Spotify; 1 hora 20 minutos viendo YouTube; 1 hora en Facebook, otra hora en Instagram y 45 minutos en Twitter. Por supuesto no todos estamos en todas las redes, pero el promedio de tiempo en cualquier país occidental es similar.

Ahora bien, ¿Es un cambio radical de hábitos que revolucionó todos los sectores?, o ¿Estamos abusando de su uso justificando que lo hacemos para el trabajo?

Ya hay gurúes que te dicen cómo optimizar el uso y tu tiempo en las redes, y si consideramos que han aparecido nuevas enfermedades psicológicas causadas por las redes sociales, deberíamos detenernos a reflexionar para qué las usamos.

Las enfermedades psicológicas empezaron con el síndrome de la llamada imaginaria. Yo lo sufrí, y hasta el 70% de los usuarios de móviles lo han sufrido alguna vez. Es creer o alucinarte que el móvil sonó o vibró y en realidad no lo había hecho y, en mi caso ni siquiera lo tenía conmigo en ese momento. Los especialistas dicen que ante el aumento del estrés, el cerebro asocia cualquier vibración o impulso que recibe, con el teléfono móvil.

Con el tiempo se fueron agregando otras psicopatías como la nomofobia que es la angustia o ansiedad causada por olvidar o no tener acceso al celular, lo que nos lleva a no poder acceder a las redes sociales.

También hay gente que se deprime porque tienen muchos o pocos contactos o seguidores en las redes sociales. Existe la depresión del Facebook, que sucede cuando se pasa mucho tiempo etiquetando fotos, escribiendo sobre acontecimientos agradables de terceros y alabando a los amigos, pero después se deprimen por su propia vida cotidiana.

La adicción a estar conectado todo el tiempo suele afectar seriamente la vida privada y social de los adictos y su entorno, lo mismo que la dependencia a los juegos en línea. En ambos casos hay tratamientos de 12 pasos similares a los de alcohólicos anónimos.

Otro problema más nuevo es el llamado Efecto Google, donde nuestro cerebro se niega a recordar algún dato sabiendo que podemos acceder de inmediato al mismo mediante el buscador.

Después hay enfermedades tradicionales como la hipocondría que se agrava ante la posibilidad de encontrar nuevas y extrañas enfermedades en internet y potenciar la creencia que las padecemos.

 

¿Las necesitamos?

Pese a que nos digan lo contrario, no necesitamos redes sociales para todas las cosas que nos dicen que necesitamos.

No las necesitamos para hacer amigos o construir relaciones.

No las necesitamos para ser activos o comprometidos con la política.

No las necesitamos para explorar nuestras ciudades o encontrar nuevas cosas que hacer.

No las necesitamos para tomar un taxi, un bus o volar en un avión.

No las necesitamos para escuchar música nueva o leer libros nuevos.

No las necesitamos para hacer nuestras compras.

No las necesitamos para descubrir subculturas o grupos afines o para apreciar el buen diseño.

No las necesitamos para planear nuestras vidas.

Sin embargo, voy a utilizar las redes sociales para que en tiempo real, a nivel global, y de manera gratuita pueda difundir este artículo y conseguir más seguidores.

Las tonalidades más usadas en la música popular

En la música occidental contamos con 12 notas para componer una canción. Si, son las mismos 12 notas que usaron Mozart, Gershwin, Piazzolla, Los Beatles y Maluma. No importa el género.

Spotify cuenta con 40 millones de canciones y crece por día en 20 mil canciones nuevas, por lo que Kenny Ning, analista de datos Spotify y pianista jazz, se encargó de analizar la tonalidad de cada canción disponible en la plataforma para determinar qué tonalidad es la más usada,

keys-notes-spotifyLos resultados dicen que en general los compositores prefieren utilizar las tonalidades mayores por sobre las tonalidades menores. Esto es muy lógico, porque, sin importar el género que escuchemos, la tonalidad mayor sugiere sonidos más felices, y como contraparte la tonalidad menor provoca lo contrario.

La música a la cual estamos acostumbrados gira entorno a las tonalidades mayores pues en general nos gustan los sonidos felices o positivos.

Los compositores suelen en el piano o en la guitarra tomar el camino a través de la tonalidad de Sol Mayor que obtuvo la cifra más alta de popularidad entre las usadas (ver gráfico), seguida por las tonalidades de Do Mayor y Re Mayor.

En el caso de las tonalidades menores, La Menor, que es la más fácil de interpretar entre las tonalidades menores, es la más utilizada.

Teoría del por qué

Es probable que sea Sol Mayor la tonalidad más popular en el catálogo de Spotify porque en los instrumentos usados en la música contemporánea occidental, guitarra y piano, se hace más cómodo interpretar tonalidades compuestas en su mayoría por las teclas blancas del instrumento como Do Mayor, Sol Mayor, o Fa Mayor, en el piano; y para un guitarrista lo acordes que son naturalmente fáciles de tocar dada la afinación estándar de las cuerdas son Mi Mayor, Sol Mayor, La Mayor, y Re Mayor, que además son los primeros acordes que se aprenden en la guitarra.

Posiblemente los músicos compongan con estas tonalidades para poder enfocar su energía en la letra y la melodía. Esta es solo una teoría de Kenny Ning.