Otro diálogo genial de Woody Allen

Woody Allen_Diana Davila

Sueños de un seductor (Play It Again, Sam) es una de mis películas favoritas de Woody Allen. Es del año 1972 y la dirigió Herbert Ross a pedido del mismo Allen. El guión está basado en la obra de teatro homónima de Woody Allen.

En esta película hay una escena maravillosa, en un museo, donde Allen quiere seducir a una chica que está mirando un cuadro del pintor Jackson Pollock, dándose el siguiente diálogo:

Woody: – Es un Jackson Pollock precioso.
Chica: – Sí, lo es.
Woody: – ¿Qué te sugiere?
Chica: – Reafirma la negatividad del universo. El terrible vacío y la soledad de la existencia de la nada. El suplicio del hombre que vive en una eternidad estéril, sin Dios, como una llama diminuta que parpadea en un inmenso vacío sin nada, salvo desolación, horror y degradación, que le oprimen en un cosmos negro y absurdo.
Woody: – ¿Qué haces el sábado?
Chica: – Suicidarme
Woody: – ¿Y el viernes por la noche?

Más allá del genial remate lo que hace más divertido al diálogo es que Pollock pintaba cosas así:

Jackson Pollock

El final de ‘Annie Hall’

Annie-Hall

Adoro las películas de Woody Allen. Casi siempre sus finales me reconfortan, pero si debo elegir un final ese es sin duda el de Annie Hall. Una película magnífica de principio a fín que ganó el Oscar a la mejor película venciendo nada más ni nada menos que a Star Wars, La chica del adiós y Julia, entre otras.

El final es un maravilloso montaje de imágenes de toda la película, en donde Allen, a través de su personaje Alvy Singer, cierra la película de forma magistral:

… No obstante, volví a verla. Volví a ver a Annie. Fue en la parte alta del Oeste de Manhattan. Había vuelto a Nueva York. Vivía en el Soho con un chico y cuando la vi, lo estaba arrastrando a ver el documental “La Pena y la Piedad”, así que lo tome como un triunfo personal. Annie y yo almorzamos juntos poco después, y hablamos de los viejos tiempos.
Después se nos hizo tarde, los dos nos teníamos que irnos, pero fue magnífico volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla, y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina”. El doctor contesta: “Lo ha internado?” y el tipo le dice. “Lo haría, pero necesito los huevos”. Pues eso, más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben?. Son totalmente irracionales y locas, y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniendolas porque, la mayoría, “necesitamos los huevos”.